Aumenta la presión diplomática sobre Mugabe para que abandone el poder


Los países vecinos de Zimbabue intensificaron ayer sus contactos para convencer al presidente Mugabe de que acepte los resultados de las elecciones y abandone el poder. Según explicaron diplomáticos europeos a la AFP, los presidentes de Sudáfrica, Thabo Mbeki, y de Tanzania, Jakaya Kikwete, «están tratando de ejercer su influencia entre bastidores».

Tanto el presidente de Estados Unidos, George Bush, como el primer ministro británico, Gordon Brown, telefonearon el martes a Mbeki para pedirle que use su influencia sobre Mugabe y le persuada para que renuncie. En cuanto a Kikwete, un diplomático europeo en la capital sudafricana le reservó un papel clave en la resolución del conflicto por sus buenas relaciones con la oposición zimbabuense. Brown reconoció también haber llamado al ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, para que intervenga.

Estos intentos salieron a la luz el mismo día en que la Comisión Electoral confirmó a la actual oposición como ganadora de los comicios. Según los datos que facilitó este organismo oficial, el Movimiento para el Cambio Democrático (MDC) obtuvo 105 de los 210 escaños de diputados, mientras que otra acta fue a parar a un candidato independiente. El oficialista Zanu-PF de Mugabe solo conservó 93 escaños, lo que le impedirá ostentar la mayoría, ni siquiera relativa, seal cual sea el resultado en las circunscripciones aún sin escrutar.

«Podemos decir que el presidente Tsvangirai ganó la presidencial», se apresuró a declarar ante la prensa Tendai Biti, secretario general del MDC, quien aseguró que su líder no necesitaría una segunda vuelta, frente al 42,9% de Mugabe y el 6,8% de un tercer candidato en liza. Sin embargo, el diario estatal The Herald daba ayer por hecho que «ninguno de los dos candidatos obtendrá más del 50% de los votos». Esto obligaría a una segunda vuelta, que debería ser organizada en los próximos 21 días de acuerdo con lo que dice la Constitución. Aunque algunos expertos afirman que sería interpretada como una humillación por Mugabe, en silencio desde el sábado, lo cierto es que le concedería tiempo suficiente para preparar una contraofensiva y mantener bien atadas con mano de hierro a sus propias filas.

El Gobierno calificó de provocación el anuncio de victoria de la oposición. Anteriormente, ya había amenazado con que una declaración así sería equiparada con un golpe de Estado.

El miedo a un estallido de la violencia entre los zimbabuenses y las fuerzas armadas y a una posible oleada de refugiados se apodera ya de los países vecinos. Zambia ha puesto en alerta a una tropa de fronteras como medida preventiva, mientras que en Sudáfrica organizaciones humanitarias preparan un centro de crisis.

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