Nicolas Sarkozy intentará desde mañana mismo demostrarle a los franceses que ha cambiado. La elecciones municipales servirán para marcar un antes y un después en su forma de gobernar. Lo primero, una serie de ajustes en el Gobierno, pero también en el palacio del Elíseo y en la imagen que intentará transmitir a sus compatriotas.
La remodelación del Ejecutivo supondrá la creación de nuevas secretarías de Estado sin ceses previsibles de ministros. Los cambios en su casa pasan por promocionar a su esposa Carla Bruni como auténtica primera dama y hacer borrón y cuenta nueva con el pasado: David Martinón, protegido de su ex Cecilia, ha cesado fulminantemente en sus funciones como portavoz del Elíseo tras su papel protagonista en el psicodrama electoral-familiar de Neuilly.
Según un consejero presidencial citado por Le Figaro , «tendría que ser sordo y ciego para ignorar las críticas de los franceses». En sus propósitos de enmienda está también volver a conectar con los ciudadanos y viajar una vez a la semana a un rincón del país, asumiendo al mismo tiempo una actitud más presidencial, en un cambio de registro que augura ya su agenda de esta semana, con actos simbólicos relacionados con las guerras mundiales y la defensa de la nación.
En su partido, la previsible derrota anuncia un ajuste de cuentas. El secretario general de la UMP, Patrick Devedjan, aparece como el previsible chivo expiatorio de los errores de estrategia. Su puesto tiene muchos aspirantes.