La historia de una pesadilla

María Pérez-Pla

INTERNACIONAL

Desde hace 44 años, el grupo protagoniza sangrientas tomas de pueblos y secuestros de militares y civiles

09 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Pedro Antonio Marín, campesino colombiano, más conocido como Manuel Marulanda o Tirofijo , acorralado por la violencia que dominó el país entre conservadores y liberales y enfrentándose a un sistema político que no daba espacio al campesinado, juntó en 1964 a 48 hombres y atravesó las cordilleras del sureste del país, para colonizar territorio y crear su propia disidencia. Un ofensiva del Ejército colombiano a Marquetalia, adonde había llegado Marulanda con sus hombres, dio lugar a la fundación oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, con ideología marxista leninista.

El movimiento guerrillero fue creciendo poco a poco, con apoyo de la población civil, en las zonas más alejadas y menos controladas por el Estado, llegando a alcanzar a principios de los ochenta unos 2.000 hombres.

El punto de quiebra se dio en 1982, cuando trazaron un plan para convertirse en el «ejército del pueblo» y llegar a los 50.000 hombres. Se rediseñó la estrategia de reclutamiento y financiación de una manera tan efectiva que a principios de los años noventa ya contaban con unos 17.000 hombres en todo el país.

En 1991, fue la primera vez que se sentaron a hablar de paz con el Gobierno. En Venezuela y México, otras guerrillas, como el M-19, se desmovilizaron, pero las FARC volvieron al monte.

Los mayores golpes

Durante los noventa dieron sus mayores golpes, sangrientas tomas de pueblos, capturas de soldados, 33 de los cuales aún siguen presos en la selva, inhumanos secuestros de civiles y alcanzaron un poderío difícil de doblegar, hasta el punto de que los colombianos no se atrevían a viajar por carretera por miedo a encontrárselos en cualquier curva. Esa misma década crecieron los paramilitares que lucharon contra las FARC, a veces con la complicidad del Ejército.

En 1998, llegó la segunda negociación de paz y la mejor oportunidad de las FARC para crecer. Lograron la desmilitarización de 42.000 kilómetros cuadrados, más o menos el tamaño de Suiza, se reorganizaron y sanearon sus finanzas. En el 2002, al romperse los acuerdos y subir al poder Álvaro Uribe, estaban en un momento cumbre de su existencia.

El presidente lanzó una ofensiva militar nunca vista: el Plan Patriota. Atacando a las FARC por todos los frentes, Uribe logró replegarlas al sur y recuperar las carreteras principales y parte del territorio.

Es casi imposible saber cuántos hombres tienen las FARC, pues según el Gobierno, tendrían que haberse renovado al cien por cien en los últimos cuatro años, y eso, para cualquiera que sepa de guerrilla, no es viable.