En sus comienzos, las FARC se financiaban con el apoyo de los campesinos y algunas extorsiones y secuestros a grandes terratenientes. Cuando en 1982 decidieron crecer exponencialmente, los sistemas de financiación cambiaron. El cobro de vacuna, como se denomina a los aportes involuntarios, se hizo extensivo a casi todo el país, así como los secuestros masivos en carreteras.
Los años ochenta estuvieron marcados por el auge de los grandes narcos, como Pablo Escobar, cuando las FARC se limitaban a cobrar a los campesinos un impuesto sobre el gramaje, es decir, la cantidad de hoja que cultivaban. Descabezados los carteles, las FARC coparon ese vacío disputándose el territorio con los paramilitares. En las zonas de mayor presencia guerrillera es también donde más cultivos hay. Según los analistas, el 50% de los ingresos de las FARC provendrían de la cocaína, que cambian por armas, mientras que un 30% procede de secuestros y extorsiones, y el resto de inversiones, tanto en el extranjero como en Colombia. Defensa asegura que mientras en el 2003 percibían 715 millones de euros, ahora esa cifra ha quedado reducida a 285 millones.