EE. UU. desecha la silla eléctrica al ser más propia de Frankenstein

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Los tribunales rechazan la electrocución por ser contraria ?a la dignidad humana, pero confirman la pena de muerte

10 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El último de Florida. En octubre de 1999, el impacto de las fotos del cadáver ensangrentado de Allen Lee David en la silla eléctrica puso definitivamente en la picota las electrocuciones.

|Más de un centenar de condenados a muerte en Estados Unidos han tenido que ser liberados en los últimos treinta años al aparecer pruebas de su inocencia. Poco importan las evidencias de los errores judiciales y menos aún el viejo aforismo de que más vale un culpable libre que un inocente en prisión. A las autoridades norteamericanas lo que de verdad les preocupa es la apariencia del cadáver. Ese es, al menos, el motivo que ha llevado al Tribunal Supremo de Nebraska a declarar inconstitucional la silla eléctrica.

El tribunal considera que «la electrocución y su historia probada de cuerpos quemados y carbonizados no es compatible con los conceptos de decencia y dignidad humana». En la sentencia con la que, no obstante, confirman la pena de muerte para Raymond Mata, condenado por el asesinato de un niño de 3 años, los jueces califican la silla eléctrica como «un dinosaurio más apropiado en el laboratorio del barón Frankenstein que en una cámara de ejecución». Para llegar a esta conclusión, han sido necesarias 154 electrocuciones solo en los últimos treinta años, algo más de un diez por ciento del millar de reos ejecutados en ese período.

La silla eléctrica, que el western y las películas de gánsteres convirtieron en un artefacto familiar, fue desarrollada a finales del siglo XIX por Harold P. Brown, un discípulo de Thomas A. Edison, y utilizada por primera vez como mortífero instrumento de la Justicia el 6 de agosto de 1890.

William Kemmler, condenado por asesinar a su esposa en Búfalo, estrenó un sistema de ajusticiamiento por el que se aplica una potente descarga eléctrica mediante dos electrodos colocados en la cabeza y el pie del condenado, que pierde la consciencia en cuestión de segundos, pero cuyos órganos internos resultan literalmente quemados en una posterior descarga letal.

No obstante, la silla eléctrica sigue siendo empleada en otros cinco estados. Eso sí, solo si el reo la prefiere a la inyección letal. Nebraska era el último territorio en el que la electrocución era la única alternativa posible. Pero la pena de muerte sigue vigente en 36 de los 50 estados. La mayoría emplean la denominada inyección letal. En realidad, una combinación de barbitúricos que anestesian al condenado, le relajan el diafragma, con lo que deja de respirar, y finalmente le provocan un paro cardíaco.

Pero este método también está siendo examinado por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, ya que se han dado casos en los que la impericia de los verdugos ha provocado a algún ejecutado agonías de media hora. No obstante, nadie espera que el tribunal se pronuncie contra la pena de muerte, que aguardan 3.350 condenados, la mayoría hispanos y negros. Porque en esto también hay clases.