Después de tres horas de espera, y tras apenas 15 minutos de discurso, los seguidores abandonaron el cuartel de la precandidata sin saber quién optará a la Casa Blanca
07 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La expectación era enorme. Sobre todo entre los más convencidos simpatizantes de Hillary Clinton, aquellos que a pesar de haber visto todas las encuestas que vaticinaban un cerrado desenlace entre la senadora por Nueva York y Barack Obama en el ya histórico supermartes aún creían en la posibilidad, por pequeña que fuera, de poder cantar victoria. No fue así, aunque el Manhattan Center Studios, el ballroom donde Hillary Clinton congregó a su gente para celebrar los resultados, era toda una fiesta.
Las puertas de este teatro multiusos, en la calle 34 entre la Octava y la Novena Avenida, se abrieron a las ocho de la tarde, cuando llegaron los más entusiastas. El reparto de las acreditaciones de prensa, horas antes, había sido todo un lío. Los pases para medios extranjeros se contaban con los dedos de una mano, pero La Voz estuvo allí. Nada más entrar en el salón principal, a la derecha había una barra de bar con todo tipo de bebidas y precios; en medio, la plataforma a la que se subiría Hillary Clinton, detrás unas gradas repletas de gente joven de diversos colores, y enfrente de ellos una treintena de cámaras de televisión preparadas para enlazar en directo.
Corros de voluntarios
El ambiente era distendido. Los judíos ortodoxos charlando en pequeños corros, los jóvenes voluntarios que habían estado recorriendo las calles contaban sus aventuras y los ejecutivos que no tuvieron tiempo ni de quitarse la corbata estaban pegados a sus blackberries, extensiones casi orgánicas de sus brazos. «Obama ha ganado en otro estado negro», decía uno de ellos al comprobar que el senador afroamericano había conquistado Alabama.
Una pantalla gigante sintonizada con la CNN iba informando al minuto de los resultados según se iban cerrando las urnas de costa a costa. Cuando dieron ganadora a Hillary Clinton en Massachusetts, Nueva Jersey y Nueva York, los gritos y aplausos fueron ensordecedores. La música atronaba por los altavoces. Entre los invitados especiales desfilaron directos al backstage el gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, y el senador hispano por Nueva Jersey, Bob Menéndez.
Pero a medida que los resultados iban cuadrando con las encuestas previas que predecían un empate técnico, los ánimos se fueron templando. «La verdad es que al principio de la campaña no pensaba ni por un momento que a estas alturas la contienda iba a estar tan reñida. Yo creía que estaría claro que Hillary iba a ganar la nominación tras el supermartes », dijo Mary McCorry con un vaso de vino blanco a medio apurar. Confiada en el tirón de su candidata, esta mujer de 70 años vaticinó que «Hillary conseguirá la nominación y llegará a la Casa Blanca. Los americanos estamos hartos de los republicanos. Ni en sueños van a ganar otra vez la Presidencia».
A su lado, Michael Lee, un voluntario de 32 años, hacía todo lo posible por ocultar su decepción. «Hillary lo ha hecho muy bien, pero desafortunadamente no ha podido despegar esta noche. Habrá que esperar todavía unas semanas», señaló. Lee, con camiseta, pin y pancarta a favor de la ex primera dama, dio un consejo a los demócratas para no dejar escapar la Casa Blanca: «Lo que no tenemos que hacer es caer en la autocomplacencia y creer que vamos a ganar. No hay que conformarse, hay que ir a votar». Un asesor latino del equipo de campaña, que se expresaba mejor en inglés, señaló que el apoyo de los hispanos había sido crucial para Clinton. «Son la primera minoría del país, somos consciente de que su voto es muy importante. Ella ha sabido escuchar su voz».
La próxima presidenta...
Poco después, a 10 minutos para que el reloj marcara las 11 de la noche, una voz anunció la presencia de «la próxima presidenta de Estados Unidos». El salón se vino abajo: Hillary, Bill y Chelsea Clinton subieron al estrado, saludando y repartiendo perfectas sonrisas a diestro y siniestro. Una vez sola en el podio, la precandidata agradeció el trabajo de los voluntarios y de su equipo, felicitó a Obama y renovó su afán de lucha en un discurso tibio -para algunos frío- en el que volvió a repasar los temas de su programa.
«Esta noche estamos escuchando las voces de la gente a lo largo y ancho de este país, gente de todas las edades, colores, religiones y estratos. Esta noche habéis votado no solo para hacer historia, sino para rehacer América». Después de tres horas de espera, y tras apenas 15 minutos de discurso, la familia Clinton abandonó el teatro mientras sus fans agotaban las baterías de sus cámaras para inmortalizar un momento que pudo pasar a la historia.