Miles de civiles huían ayer de Yamena, capital del Chad, en cuyas calles quedaron centenares de cadáveres tras una dura ofensiva de los rebeldes y, mientras el Ejército afirmaba haber repelido a los rebeldes, estos, decididos a proseguir su lucha para derrocar al presidente Idriss Deby, aseguran que la retirada de la capital es meramente táctica.
El Consejo de Seguridad de la ONU «condenó firmemente los ataques» de los grupos rebeldes y «todos los intentos de desestabilización» en una declaración no vinculante, en la que además llama a los Estados miembros a apoyar al Gobierno chadiano.
Una fuente militar chadiana aseguró que «el Ejército controla bastante bien la situación» y que ha podido reorganizarse un poco, aunque «hay una columna rebelde de al menos una treintena de furgonetas no lejos, en la entrada norte de la ciudad».
Miles de habitantes huyeron hacia Camerún, afirmó el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), y se espera que lo hagan muchos más. Este organismo comenzó ayer a evacuar al personal no esencial. El portavoz, William Spindler, especificó que en Abeché, la capital de la región oriental, permanecen varios funcionarios «para garantizar los servicios básicos a los refugiados». De la capital fueron evacuadas el fin de semana unos 100 funcionarios de la ONU, 30 de ellos de Acnur. Ayer llegaron a Barcelona tres cooperantes de Intermón-Oxfam, los españoles Rosario Iraola y Marc Niñerola, y la portuguesa Ana Damesio.
Iraola, directora interina de Intermón, relató que han pasado mucho miedo porque los rebeldes iban «a tiroteo limpio».
El ministro de Minas, general Mahamat Ali Abdalá, comandante de las operaciones gubernamentales, aseguró que «el enemigo [está] en completa desbandada». «El tiempo demostrará que están derrotados», subrayó.
Pero uno de los jefes de la alianza rebelde, Timan Erdimi, declaró que sus fuerzas se hallan en las entradas norte y sureste de Yamena, «a la espera de una columna de refuerzos para moverse hacia el centro».
Expertos extranjeros estiman que Deby goza de ventaja logística por tener municiones en la capital y reservas de combustible en el aeropuerto, protegido por el dispositivo militar francés Epervier. En las cercanías de la presidencia, se multiplican las escenas de destrucción, agravada por los cadáveres de civiles que yacen sobre el suelo y los saqueos. Es el ataque más grave que afronta Deby desde que llegó al poder en 1990.