Hasta hace poco más de tres meses, Rudolph Giuliani era el gran favorito en las encuestas. Era más que nunca el alcalde de América, el héroe del 11-S, cuando hasta el presidente George W. Bush estaba desaparecido.
El dinero también fluía. A 30 de septiembre, Giuliani era el candidato que más dólares había recaudado con la excepción de Mitt Romney, que contaba con inyecciones extra de su multimillonaria fortuna personal. Pero su tirón popular se fue desinflando según iba perdiendo votos en caucus y primarias.
Rudolph Giuliani, de 63 años, contó desde el principio con las reticencias de la derecha religiosa, considerada un bloque electoral clave del Partido Republicano, por sus posiciones liberales del pasado en materia de aborto y derechos de los homosexuales.
Giuliani, un ex fiscal, casado tres veces, construyó su fama enviando mafiosos pesados a la cárcel y se promocionaba a sí mismo como un conservador que limpió la ciudad de Nueva York.