El cuerpo de ingenieros del Ejército israelí seguramente habrá derramado alguna lágrima cuando ha visto Rafah: la barrera levantada con sudor y sangre para separar la franja de Gaza de Egipto, por los suelos.
El diario progresista israelí Haaretz explica los últimos momentos de la ruta Filadelfia, como «verdadero golpe de Hamás». Según su corresponsal Amira Hass, los palestinos habrían estado, durante meses, usando sopletes de oxiacetileno para horadar el muro de metal.
Llegado el momento, Hamás llamó a las cámaras de la televisión árabe Al Yazira, adelantándoles que se iba a «romper el bloqueo». Lo demás es historia. Todos los medios, tanto israelíes como árabes, coinciden al concluir que Hamás, el Movimiento de Resistencia Islámico, es el ganador, por goleada, de la partida.
La inteligencia israelí no ha podido adelantar algo tan potencialmente desestabilizador: el rearme de los radicales de la franja, cuyo arsenal de cohetes, Katiusha o Grad, hasta potenciales misiles Scud, podrían haber pasado la frontera entre el Sinaí egipcio y Gaza.
Lo que sí ya ha pasado seguro es dinero para pagar a los funcionarios que llevaban sin cobrar desde junio, cuando Al Fatah fue derrotada y confinada a Cisjordania.
El Gobierno israelí ha pedido a sus turistas que están en la península del Sinaí que regresen de inmediato. Comandos palestinos de la franja de Gaza podrían estar buscándolos.