Pretender desayunar en Caracas un marrón grande , eso que aquí pedimos como «uno con leche, largo de leche», hace tiempo que se convirtió en Venezuela en una lotería. Lo habitual es que la dependienta le responda que «solo negro o guayoyo -largo de agua- y una sola bolsita de azúcar», porque el desabastecimiento de productos básicos se ha vuelto un problema crónico en un país que, según sus dirigentes, avanza con paso decidido hacia el socialismo bolivariano del siglo XXI.
Lo más paradójico es que esta situación se da en un país donde la capacidad de consumo de la población ha aumentado un 30% por término medio y para algunos sectores populares hasta un 70 por ciento, según declaraba el pasado domingo a una emisora de radio Elías Jaua, ministro de Agricultura y Tierras.
Una prueba palpable de que la gente tiene dinero se ve en las calles de Caracas y en otras ciudades, donde el parque automovilístico ha sufrido una renovación radical en los tres últimos años. Pero que los mercados, incluidos los Mercal -mercados públicos- están desabastecidos de productos básicos de primera necesidad es otra verdad innegable.
Control de precios
¿Por qué? Desde el oficialismo, a través de voceros afines, se llega a decir que el desabastecimiento forma parte de la estrategia de «fuerzas oscuras, conservadoras y reaccionarias, en alianza con el imperio y un sector de la Iglesia católica, que pretenden desestabilizar el Gobierno de Chávez». Igualito que en el Chile de Allende.
Los venezolanos de a pie explican esta realidad como consecuencia del control de precios que fijó el Gobierno sobre dieciséis productos básicos, de la rigidez sobre el control de cambios y la caída de la producción nacional desde la llegada de Chávez. Hay cheques estatales, pero no inversión.
Lo más doloroso es que el problema ya lo diagnosticó hace 71 años el escritor y político Úslar Pietri en un premonitorio editorial que con el título «Sembrar el petróleo» publicó en el diario Ahora: «Nuestra producción agrícola decae en cantidad y calidad de modo alarmante. [...] Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales». Parece que su advertencia no tuvo mucho éxito.