Aunque la reputación de Corea del Norte no es ejemplar sobre la materia (los compromisos sobre su desnuclearización), todo indica que el anuncio hecho ayer por el Gobierno chino sobre la decisión norcoreana de presentar antes del 31 de diciembre un completo plan al respecto es definitivo.
Pyongyang dice adiós a la bomba atómica si se confirma, como sugiere el comunicado, el cierre de la central de Yongbion, corazón del esfuerzo atómico norcoreano. Pekín se aseguró antes de difundir el importante anuncio de que Washington lo tenía por creíble. En efecto, los norteamericanos apoyaron el tenor del texto y su significado casi simultáneamente.
El anuncio, y eso no puede ser casual, se produce mientras el líder norcoreano, Kim Il-jung, sostiene un histórico encuentro con su colega surcoreano (el segundo en la historia de la división de Corea tras la guerra y el armisticio de 1953) al que se da gran relevancia. Aunque hasta hoy no se conocerá el comunicado bilateral, todo permite suponer que proseguirá la asistencia económica del Sur.
Aunque formalmente no ha sido nunca así y el régimen comunista del Norte rehusaba dialécticamente toda relación entre los dos problemas (la eventual reunificación y su programa atómico) es un hecho que aceptar el desmantelamiento de su avanzado plan nuclear será decisivo para que la ayuda occidental se multiplique.
Contribución industrial
De hecho, en el paquete de contrapartidas que Washington ha llevado siempre en la cartera del subsecretario Chris Hill al foro multilateral (EE.?UU., China, Japón, Rusia y las dos Coreas, con sede en Pekín) hay una gran contribución industrial y, para empezar, cargamentos de carburante que están en camino. Asimismo, el Sur se ha comprometido a fomentar el desarrollo industrial del Norte y abrir el bello país al turismo internacional, es decir, proveerlo de divisas.
Hay que añadir, en fin, la trascendencia que tiene una decisión tomada tras duras y largas negociaciones, con la asistencia de importantes vecinos y socios de Corea (los chinos en particular) y sin amenazas de acciones militares. Washington aceptó incluso, en su día, dar garantías de que no se recurrirá a la fuerza para cambiar el régimen. Un formato de eventual aplicación a otras áreas del planeta.