Un halcón nacionalista sin nido

Andrea Rodés

INTERNACIONAL

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, se convirtió con 52 años en el primer jefe de Gobierno de Japón nacido después de la Segunda Guerra Mundial. Miembro de la ala más conservadora del Partido Liberal Democrático, PLD, y apodado el «halcón nacionalista» por su reticencia a revisar los crímenes de guerra cometidos por las tropas imperiales entre 1931 y 1945, Abe asumió el cargo en septiembre del año pasado con el principal objetivo de convertir Japón un país «fuerte y confiable».

Una de sus intenciones era suprimir las restricciones a la defensa militar dictadas por la Constitución pacifista de 1947 -impuesta por EE.?UU.- y mejorar las relaciones con sus vecinos, en especial China y Corea del Sur.

Hijo de una familia de estadistas -su abuelo materno fue primer ministro de Japón entre 1957 y 1960, y su padre, Shintaro Abe, ministro de Exteriores entre 1982 y 1986-, Abe se licenció en Ciencias Políticas en Tokio en 1977 y completó sus estudios en la Universidad del Sur de California.

Su carrera política empezó en 1982, cuando entró a trabajar como asistente personal en el Gabinete de su padre. En 1993 obtuvo su primer escaño como diputado del PLD y en el 2003 fue elegido secretario general del partido.

La reputación de Abe como nacionalista empezó en el 2001 con un debate parlamentario sobre la revisión de los libros escolares de Historia. La reforma, que relativizaba las atrocidades cometidas por las tropas imperiales niponas, fue aprobada en el 2001 y provocó indignación en Corea del Sur y China. Su firme actuación, el año siguiente, como negociador para la liberalización de unos japoneses secuestrados en Corea del Norte también impresionó al sector más nacionalista de su país.

A pesar de que su mandato ha quedado manchado por la serie de escándalos por corrupción, dimisiones de ministros y la vergonzosa derrota de su partido en las elecciones al Senado en julio, Abe ha conseguido estrechar las relaciones diplomáticas con sus vecinos asiáticos y fortalecer la posición de Japón en el panorama internacional.

Su apoyo militar a EE.?UU. en la guerra de Afganistán y la mala gestión del sistema de pensiones en un país con población cada vez más envejecida han acabado por hundir su popularidad.