pisco | El pequeño aeropuerto de Pisco, la ciudad peruana más devastada por el terremoto de magnitud 8 del pasado miércoles, estaba colapsado ayer ante la llegada de la ayuda internacional para los damnificados, entre ella la española. Algunos equipos españoles se quejaban ayer de que aún no habían podido ponerse a trabajar, mientras otros denunciaba la falta de seguridad pese a que cientos de militares y policías peruanos armados con fusiles Galil y AK-47 intensificaron el patrullaje para poner fin al pillaje.
Un grupo de expertos españoles quedaron atrapados en un tiroteo. El jefe de la delegación de la oenegé catalana K-9 de El Creixell, Pedro Frutos, explicó que el tiroteo ocurrió en la noche del sábado cuando buscaban, junto a sus perros, el cadáver de una mujer cerca del cementerio de Pisco. «No sé quién ni contra quién disparaban, sólo sé que nos hicieron tirarnos al suelo porque las balas pegaban en las paredes donde estábamos», relató al insistir en que no han recibido una explicación oficial de lo sucedido.
Los médicos españoles se quejaban a su vez de que no han podido ponerse a trabajar porque aún no habían llegado de Lima sus equipos sanitarios y enseres personales. Los médicos y socorristas de diversas organizaciones arribaron el sábado a Perú en un vuelo coordinado por la Agencia Española de Cooperación (AECI), junto a un cargamento de noventa toneladas de ayuda humanitaria de España, que se quedó en Lima.
«Nuestros equipos siguen en Lima y aunque nos piden asistencia sanitaria, no podemos darla porque no han llegado nuestros equipos, ni siquiera nuestra ropa», dijo la médico española Ana Caravaca, de la organización Salvamento, Ayuda y Rescate (SAR). El presidente de esa oenegé, Roberto Rubio, que es uno de los voluntarios enviados por la AECI a Perú, denunció que estos «llevan 26 horas tirados en el aeropuerto de Pisco, sin poder hacer nada porque no llegan los equipos».
Zonas rurales
Oxfam Internacional, la rama española de Intermón Oxfam, advirtió por su parte de que la situación de las personas que viven en las zonas rurales de Perú es «desesperada», ya que necesitan «urgentemente» todo tipo de ayuda. La falta de una infraestructura adecuada está impidiendo la llegada de ayuda a las zonas rurales.