El iberismo de Saramago con matices

Camilo Franco

INTERNACIONAL

La propuesta del premio Nobel de unir España y Portugal fue mejor recibida aquí que en su país, donde cosechó silencio en unos casos, y ruido de foros en otros

25 jul 2007 . Actualizado a las 08:16 h.

LISBOA | «Portugal acabará por integrarse en España». Esta frase es el principio de la polémica abierta por el escritor José Saramago en Portugal. Una polémica que, a pesar de ser silenciada por los principales medios de comunicación portugueses, ha obtenido reacciones de lo más variado, pero ninguna indiferencia.

La entrevista, que se publicó en el periódico luso Diário de Notícias el pasado domingo, 15 de julio, reabrió la vieja herida de las relaciones hispano-lusas. João Céu e Silva -editor ejecutivo adjunto en dicho diario, y quien, al mismo tiempo, está escribiendo un libro entrevista sobre Saramago- fue el encargado de interrogar al escritor.

La entrevista ha provocado ruido de foros en Internet, respuestas airadas de algunos sectores contrarios a las posiciones del escritor, algunas contestaciones irónicas y ha alimentado la idea de que Saramago se ha españolizado con los años.

Integración

El escritor encuentra natural que la economía del país en el que vive (España) tome la del país al que pertenece (Portugal). Es a raíz de este hecho cuando Saramago, preguntado por el futuro de la Península responde: «No vale la pena convertirme en profeta, pero creo que acabaremos por integrarnos».

En la siguiente respuesta matiza con la integración «no nos convertiríamos en españoles», y advierte que España es una realidad cultural plural: «La península Ibérica es un conjunto formado por nacionalidades, incluso con lenguas diferentes, que ha vivido más o menos en paz».

Paralelismo con los catalanes

Asimismo, el escritor refuerza la idea cultural al advertir que no dejarían de «hablar portugués o escribirlo, y diez millones de portugueses tendríamos mucho que ganar en desarrollo con este tipo de integración territorial, administrativa y estructural». Para completar la referencia, Saramago asegura a Céu e Silva: «Seríamos aquí aquello que los catalanes quieren ser y están siendo en Cataluña». El premio Nobel descarta un gobierno español y apunta a una representación de todas las fuerzas políticas peninsulares.

Saramago comentó irónicamente la preocupación de algunos sectores por la ocupación económica que España está realizando en Portugal: «No recuerdo haber oído nunca esas quejas cuando la ocupación es norteamericana o inglesa, pero es que esta vez son los castellanos, a los que vencimos en Aljubarrota».

Las declaraciones del Nobel luso ocuparon la mayor parte de la portada dominical del Diário, y llegaron a toda la prensa internacional, desde Londres a Pekín. También pasaron por el Ministerio de Exteriores, donde su titular, Luís Amado, aseguró estar en absoluto desacuerdo con la idea de Saramago, al indicar que «la idea de una unión ibérica constituye más un escenario de ficción literaria que una posibilidad». El ministro devolvió la idea del escritor a una de sus novelas simbólicas La balsa de piedra, y descartó cualquier merodeo político a la idea.