Los neoyorquinos no ganan para sustos

Oscar Santamaría NUEVA YORK

INTERNACIONAL

MARIO TAMA

Manhattan recupera la tranquilidad tras el reventón en una tubería subterránea que causó una densa nube de vapor y un gran socavón en el asfalto, e hizo recordar el 11-S

19 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Las calles de Manhattan recobraron ayer su pulso habitual menos de 24 horas después de que el miércoles por la tarde (medianoche en España) una espesa y enorme columna de vapor hiciera presagiar lo peor en esta era pos 11-S, donde cualquier estruendo inesperado hace saltar las alarmas de la memoria colectiva y que vuelvan a aparecer, a lo lejos, las siluetas de las Torres Gemelas. Eran las seis de la tarde menos cuatro minutos cuando se produjo la explosión en una tubería subterránea en pleno corazón de la ciudad, en la calle 41 y en la Avenida Lexington, a escasos metros del emblemático Chrysler Building y la popular estación Grand Central. Las imágenes hablaban por sí solas. Primero, las del chorro de vapor que inundó el Midtown. Después, las del cráter que se abrió en el asfalto, tan grande que se tragó una camioneta. A su alrededor, escombros, tierra y polvo. El saldo fue de un muerto, por un ataque al corazón, y una treintena de heridos, dos de ellos en situación crítica. Tras la alarma inicial, que duró apenas una hora, la ciudad volvió a la normalidad. Los recuerdos de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 se esfumaron tan rápido como lo hizo el vapor que tiñó de blanco el cielo. Y es que, si bien en los primeros minutos se dijo que se había derrumbado un edificio, pronto se descartó que se tratara de un atentado. Eso sí, las fotografías parecen tomadas aquel trágico día de hace seis años: las de la gente cubierta de polvo y con el rostro ensangrentado, los escombros esparcidos por los alrededores, las luces rojas y blancas de las sirenas de los servicios de emergencia¿ «Nos dimos un susto de muerte. Sonó como una bomba, igual que el 11-S. La gente estaba histérica, llorando y gritando, corriendo por la calle. Fue surrealista», señaló Karyb Easton, que se encontraba a pocos metros de distancia. Sin riesgos para la salud Ahora, la preocupación de las autoridades es asegurarse que el vapor y el polvo escupido desde debajo de la tierra no sea dañino para los ciudadanos que lo respiraron. Para ello, están realizando pruebas y tomando muestras del aire. Los primeros resultados indican que, aunque se han detectado dosis de asbestos (mineral semejante al amianto) en los escombros, pero no en el aire, no hay riesgo a largo plazo para la salud. Un día después, lo único que quedaba de todo ello era un agujero en el asfalto, varias calles cortadas alrededor de donde tuvo lugar la explosión y algunas interrupciones intermitentes en las líneas del metro que pasan por la zona. El tráfico también se vio afectado en los alrededores. Poco más, aparte de los cientos de curiosos -la mayoría turistas que abarrotan en verano la ciudad- que se acercaron a la zona acordonada armados con sus cámaras digitales para llevarse un recuerdo. Y es que, al fin y al cabo, lo que pasó no fue para tanto. Otra falsa alarma, como aquella avioneta que se estrelló contra un rascacielos hace un año. Como dijo el millonario alcalde Michael Bloomberg, todo se debió a un fallo en la vieja infraestructura que recorre el subsuelo de la Gran Manzana. ¿Se habría creado tanto revuelo, los medios de comunicación de todo el mundo hubieran realizado una cobertura semejante si todo esto hubiera ocurrido en otra ciudad que no fuera Nueva York?