Crónica El número de estudiantes universitarios afiliados al PCCh crece, pese al acelerado avance del consumismo
06 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.«En Occidente tenéis a Dios, en China tenemos al Partido Comunista», asegura Yang Gang, estudiante de relaciones internacionales en la Universidad de Pekín. Yang tiene 21 años y acaba de presentar su solicitud de afiliación al Partido Comunista Chino (PCCh). En un país donde el materialismo avanza al mismo ritmo acelerado que el de la economía, el PCCh ofrece un sustento moral al vacío espiritual de la juventud china. Según estadísticas oficiales, el número de estudiantes universitarios afiliados al PCCh en el 2005 alcanzó los 734.000, más del doble que el año anterior. En el curso de Yang hay 42 alumnos. «La mitad ya son miembros del partido», comenta el joven, que durante su tiempo libre hace de guía turístico en el Palacio de Verano de Pekín, sin cobrar. «El partido premia las actividades voluntarias que promocionan la cultura nacional», explica. Para ser aceptado, Yang debe presentar cada mes un informe de conducta a su tutor político, y reflexionar sobre los aspectos que debe mejorar para ser un «combatiente líder de la clase trabajadora china con conciencia comunista». Así define a sus miembros la hoja fundacional del partido. Según estadísticas oficiales, el PCCh contaba con 70,8 millones de afiliados a finales del 2005; el 23% eran menores de 35 años, un 0,3% más que en el año anterior. Se aceptaron 2,47 millones de nuevos miembros, un 2,4% más que en el 2004, y entre ellos había 734.000 universitarios. La proporción de estudiantes en relación a otros miembros del partido aumenta un 5% anual, según estimaciones oficiales. Para los estudiantes como Yang, entrar en el PCCh es necesario para lograr el éxito profesional. El respaldo del poder político facilita la entrada al mundo laboral en muchos sectores. Pero Yang busca en el partido un apoyo moral y social. «Quiero ser miembro para llenar mi espíritu y sentir que formo parte de una comunidad», explica convencido de que su país sufre un vacío de valores morales. «Algunos prefieren afiliarse a una religión para llenar este vacío», dice Yang. Es el caso de Harry, el nombre inglés de un estudiante convertido al protestantismo. Harry es consciente de que ser religioso le impide ser miembro del partido. «Entrar en el PCCh significa acogerse sólo a la doctrina marxista», dice Yang. Los dos están de acuerdo en que el Manifiesto Comunista ha quedado obsoleto y que el partido debería modernizar sus bases. Pero creen que el PCCh está mejorando y que su papel es esencial para el desarrollo de la China moderna. «Como miembro del partido podré realizar más acciones para ayudar a la sociedad y promocionar la cultura de mi país», dice Yang. Sus inquietudes morales y patrióticas son las mismas que están motivando a miles de estudiantes a solicitar su ingreso al PCCh.