El «Pequeño Satán», humillado

INTERNACIONAL

HASAN SARBAKHSHIAN

Análisis Teherán busca una disculpa formal de Londres para reforzar su prestigio y su soberanía sobre el canal. Gran Bretaña puede equivocarse con su estrategia legal

31 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Los ayatolás suelen referirse a Estados Unidos como el «Gran Satán». Pero hoy, en las calles iraníes, de quien se oye hablar más es del «Pequeño Satán», es decir: Inglaterra. Grande y pequeño aluden tan sólo al tamaño, porque lo cierto es que las relaciones de Irán con Gran Bretaña han sido históricamente peores, incluso, que con Estados Unidos. Se trata de un rencor centenario, desde que en 1858 los británicos le quitaron Afganistán a Persia (Irán). Pero sobre todo en Irán sigue pesando el recuerdo de las maniobras de Londres contra Mossadeq en 1953, cuando éste nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company (la actual BP). Gran Bretaña primero sometió a Irán a un bloqueo y luego, con la connivencia del Sha, derribó al popular Mossadeq y a su Gobierno electo. La represión que siguió contra los elementos democráticos y laicos de la sociedad persa fue lo que facilitó el camino a la oposición ultra-religiosa del ayatolá Jomeini y, en cierto modo, sentó las bases de la revolución islámica que se produjo en el año 79. Irónicamente, Mossadeq era el tipo de dirigente moderado que Occidente busca ahora desesperadamente en el mundo islámico (poco antes de su caída, la revista Time lo había nombrado hombre del año, en competición en Eisenhower y McArthur). No hace mucho, la ex secretaria de Estado norteamericana Albright lamentaba públicamente que la CIA hubiese participado en aquel episodio. El caso Mossadeq sigue muy presente en el imaginario colectivo iraní, y es por esto que la crisis de los marines se está librando en el terreno del amor propio más que de la política. Las decenas de miles de hinchas que gritaban la semana pasada «muerte a los ingleses» en el estado de Teherán durante el derbi futbolístico de la capital, alternaban este eslogan tan poco imaginativo con el nombre de Mossadeq. Y por si esto fuera poco, está la cuestión de Shat el Arab. Ya el que los medios se refieran de este modo al lugar donde fueron capturados los británicos irrita a los iraníes, quienes llaman Arvandrud a este estuario (Shat el Arab es el nombre iraquí, significa «El río de los árabes»). Fue para apoderarse del Arvandrud para lo que Sadam lanzó en 1980 su feroz guerra contra Irán, que costó más de medio millón de vidas. Casi todas las batallas se libraron allí, en la desembocadura del Tigris y el Éufrates, el lugar donde la Biblia sitúa el Paraíso¿ Orgullo Esos son los dos ejes del problema. Teherán quiere una disculpa formal de Londres; de este modo, podrá restregársela en la cara a los británicos; de paso, afianzará el reconocimiento de su propia soberanía sobre el Arvandrud. Ante esto, Londres parece decidido a jugar la carta de la legalidad, lo que quizá sea un error. El mandato de la ONU para patrullar en Shat el Arab sólo les autoriza a impedir el tráfico de armas (los marines capturados estaban buscando coches de contrabando). Por otra parte, el Acuerdo de Argel, que regula la frontera en el estuario, no fija demarcaciones en mar abierto, donde se produjo el incidente. En ese caso, regiría el principio de equidistancia, lo que podría darle la razón a Irán, puesto que según las coordenadas del propio Almirantazgo, la lancha británica estaba más cerca de la costa iraní que de la iraquí. Si Londres sigue por ese camino esto podría degenerar en una crisis similar a la de los rehenes norteamericanos de 1979, y aquel pulso lo ganó Irán entonces. El actual presidente iraní, Ahmadineyad, lo sabe; y de sobra: con veintitrés años, él era uno de los estudiantes que asaltaron aquel día la embajada¿