El país, aún atormentado por la época comunista, prefiere olvidar y mirar hacia Europa
30 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.('la peste', en rumano). Como escondida en el sótano del Museo del Campesino Rumano, en Bucarest, la exposición sobre la época comunista de Rumanía lleva un nombre del que se huye. Dos salas que no superan los 20 metros cuadrados. En la primera, cuadros y fotografías de Lenin, Stalin, Gheorghe Gheorghiu-Dej, el fundador de la Rumanía comunista; portadas de Scânteia , el periódico oficial del Partido Comunista, pegadas en las paredes. Nada de Nicolae Ceaucescu, el hombre fuerte de Bucarest entre 1965 y 1989. Una sola foto, dejada por «un grupo de nostálgicos». Es lo único que queda; los únicos restos de un régimen que marcó más de 40 años de la historia de un país. El comunismo aún atormenta Rumanía, que prefiere olvidar, mirar hacia el futuro y a la UE, en la que ingresará el próximo 1 de enero. Maura tiene 27 años y nunca estudió la época comunista, ni en el colegio ni en el instituto. Apenas recuerda los últimos soplos del régimen de Ceaucescu, derrocado en diciembre de 1989 y recordado por la mayoría de los rumanos como una época de extrema pobreza y de aislamiento de Occidente. «Hablar del pasado es difícil; jamás hablamos de aquella época. Es un tabú, la gente quiere olvidar», explica Maura con un tono casi indiferente. El pasado no interesa Florin Cozma, historiador y sociólogo, considera que «el 80% de los rumanos no conocen su historia». Y añade: «No les interesa saber. Desde 1989, el cambio ha sido brutal y los rumanos pensaron que la economía, la transición al capitalismo, iba a resolver todos los problemas». Cuando murió el conducator -como se hacía llamar Ceaucescu-, fusilado el 25 de diciembre de 1989 tras una parodia de juicio militar, «el pueblo esperó que iba a encontrar, gracias al olvido, la libertad», explica Adrian Cioroianu en su libro Ese Ceaucescu que atormenta a los rumanos , publicado el año pasado. Una ley del silencio se impuso; es como si toda referencia a la época comunista hubiera desaparecido con el dictador. «Se trata de un impedimento político», sentencia Cozma. Tras la caída de Ceaucescu, el Partido Comunista Rumano fue ilegalizado, aunque fueron los aparatchik comunistas quienes se apoderaron de las riendas del país. Es el caso de Ion Iliescu, presidente entre 1990 y 1992, 1992 y 1996, y el 2000 y el 2004; y del ex primer ministro Adrian Nastase. «Los medios de comunicación pasaron a estar controlados por los poscomunistas, quienes decidieron no hablar de aquella época», asegura Cozma. Para Maura, ese silencio también se explica por la situación económica del país: «La gente sólo piensa en cómo vivir el día a día». En Rumanía, el 29% de la población vive en el umbral de pobreza. Ilegítimo y criminal Con la llegada de Traian Basescu a la presidencia del país, en el 2005, las cosas empiezan a cambiar. «Qué pena que los rumanos aún tengan que elegir entre dos ex comunistas», había lanzado Basescu al ex primer ministro Adrian Nastase, durante la campaña electoral en diciembre del 2004. Lo más inesperado ocurrió el pasado día 18: Basescu condenó el comunismo como «ilegítimo y criminal»; la primera vez que un político rumano reconoce oficialmente los crímenes del régimen. Stejarel Olaru, el director del Instituto para la Investigación de los Crímenes del Comunismo, no cree, sin embargo, en el despertar de la sociedad civil rumana. «A la gente le da igual. Nadie habla de los crímenes, los genocidios», sentencia. «Los jóvenes sólo piensan en Internet y Europa». Es el caso de Ramona, de 20 años, que suelta sin dudar: «No me interesa el pasado». Quiere irse al Reino Unido o a España, donde son la cuarta colectividad extranjera. Dos de una población total de 22 millones ya se fueron de Rumanía.