El paraíso del autoestopista

Jorge Casanova
Jorge Casanova ENV. ESPECIAL | LA HABANA

INTERNACIONAL

J. C.

La Voz en Cuba | 4. Los problemas del transporte La falta de vehículos y las deficiencias del transporte público han hecho que los cubanos recurran a la bicicleta, al carro o al autoestop para recorrer unas vías en pésimo estado

07 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

De entre todas las carencias que sufren los cubanos, el transporte es probablemente una de las más notables. Moverse por la isla es una tarea heroica y hasta los desplazamientos más cortos pueden suponer un problema irresoluble si no se quiere caminar. Cuba es un país de bicicletas, de automóviles clásicos de la década de los cincuenta y de guaguas que siguen circulando milagrosamente. En medio de este panorama, uno de los medios más populares y de mayor uso es el conocido como la botella, versión cubana del autoestop. En el mundo deben de quedar pocos países en los que la gente muestre un dedo para conseguir un transporte, pero en Cuba más que una opción es literalmente una obligación. Por todo el país es común ver numerosos grupos de personas esperando en una fila que controla un empleado oficial que para los vehículos y coloca a los ciudadanos por riguroso orden de llegada. El transporte, sea el que sea, está obligado a parar si es de carácter oficial. Los privados van por libre, pero resulta difícil resistirse, especialmente tras observar las miradas de incomprensión (y hasta de furia) que esgrimen los autoestopistas cuando ven pasar un coche vacío que no los recoge. Así que a través de este sistema de solidaridad más o menos obligatorio los cubanos se van arreglando. La «ochovía» La arteria principal que vertebra la isla es la autopista que une La Habana con el centro de la isla. Conocida como la ochovía (tiene cuatro carriles por sentido) languidece en la provincia de Sancti Spiritus para convertirse en una carretera general. Quizá sea una de las autopistas menos usadas del mundo, a pesar de ser la principal del país, pero desde luego es una de las más singulares. No tiene vallas, por lo que es accesible en cualquier punto de su recorrido. Tampoco tiene carteles, con lo que el usuario primerizo nunca sabe muy bien por dónde anda (otra buena razón para recoger autoestopistas), pero sí tiene baches y bruscos cambios en el firme que hacen que circular a 120 kilómetros por hora sea una autentica temeridad, sobre todo si se tiene en cuenta que el carril de la derecha está reservado para bicicletas. El mal estado de las carreteras no tiene tanto que ver con la desidia de las autoridades como con la falta de materiales y, sobre todo, con los problemas que ocasionan las tormentas tropicales y los huracanes. «Las carreteras y el clima son incompatibles en Cuba», admitía un médico entre salto y salto en el asiento de atrás de mi coche. Con este panorama, el avión es la alternativa razonable para salvar grandes distancias en la isla. Eso sí, hay que sacar los billetes con antelación, porque suelen ir completos. El viaje entre La Habana y Guantánamo cuesta 108 pesos convertibles (unos 100 euros) y es uno de los trayectos más largos. Aunque pueda parecer caro (el sueldo medio son 10 euros al mes) vale la pena fijar en dos horas un recorrido que se eterniza por otros medios.