Kandahar, Afganistán, Eurasia

Ángela Rodicio ENVIADA ESPECIAL | KANDAHAR

INTERNACIONAL

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Los estadounidenses, muy pronto acompañados de soldados de la OTAN, libran una batalla contra rebeldes talibanes en el sur de Afganistán de la que depende el futuro del país.

16 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Más de 10.000 militares se hallan volcados estos días en la mayor ofensiva contra los talibanes desde la caída de su régimen, en Afganistán, en el otoño del 2001. El escenario es la zona de Helmand, al sur del país. En Helmand solía practicar Bin Laden la caza con halcones. Y es donde se concentra el 80% de la producción mundial de opio. El jueves, un autobús con trabajadores locales, en Kandahar, la que fue capital de los talibanes, saltaba por los aires poco antes de llegar a su destino, la base aérea donde helicópteros, cazabombarderos y aviones espía esperan la luz verde para atacar a los rebeldes. Unas horas antes, yo había estado en aquella base con el general Jim Jones, máximo responsable del mando unificado de la OTAN. El 1 de agosto, cuando los actuales 9.000 soldados al mando del Pentágono pasen a ser 17.000, deberán obedecer los dictados de otro general, David Richards, y de la Organización del Atlántico Norte. Aun así, un destacamento, todavía sin determinar su número, del Ejército norteamericano, fundamentalmente del Ejército del Aire y de las fuerzas especiales, permanecerá en Kandahar, con sus helicópteros Apache, Blackhawk, Chinook, los aviones espía Predator... para el caso de que algunos de los hombres más buscados, empezando por el mismo Osama Bin Laden, o el mulá Omar, se les pongan a tiro. Sería inconcebible que miembros de los Ejércitos del Reino Unido, Canadá, u Holanda, que también están presentes en Kandahar, pudieran apresarlos en su lugar. Kandahar está de Madrid a la misma distancia que Nueva York, pero mientras nuestra cultura nos relaciona fácilmente con lo que representa la metrópoli de los rascacielos, nos semeja hallarnos a años luz de lo que puede representar la segunda ciudad de Afganistán. Un lugar estratégico Kandahar es un nombre derivado del árabe Iskandar, Alejandro; o de Iskanderia, Alejandría. Fue fundada por Alejandro Magno en el año 330 antes de Cristo, cuando se dirigía a la India conquistándolo todo a su paso. Cada vez que se percataba de un lugar estratégico, fundaba una ciudad con su nombre. Como entonces, Kandahar es ahora un nudo vital de comunicaciones, sin cuyo control las fuerzas internacionales quedarían a merced de los talibanes o de los grupos de terroristas internacionales que libran una guerra cada día más intensa, de la que oiremos hablar más y más. La carretera a Pakistán pasa por Kandahar; la denominada ring road, que rodea Afganistán, también; y el Tarin Kowt, el cordón umbilical del contingente holandés. En los manuales de geoestrategia elaborados por los think tanks que imbuyen con sus teorías al Departamento de Estado, y al Pentágono, las dos almas de la Casa Blanca, Afganistán es el corazón de Eurasia, la vasta región donde «la primacía global americana depende directamente de cuánto tiempo, y con cuánta efectividad se sostenga su preponderancia en ella». Tal vez por eso USAID, la «oenegé» norteamericana que depende directamente del Departamento de Estado y del Pentágono, esté destinando a sus proyectos en Afganistán el equivalente del PIB de muchos países en vías de desarrollo. Y su principal proyecto es atravesarlo con infraestructura que parte de las repúblicas centroasiáticas de Turkmenistán, Uzbekistán, y Tayikistán, empezando por la electricidad. Quizá después siga la de los oleoductos, por los mismos trazados.