La Comisión Europea detecta descoordinación en el reparto de ayuda Indonesia ordena evacuar a 11.000 personas al aumentar la actividad del volcán Merapi
06 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La Comisión Europea ha sido informada por sus agentes en Indonesia de dificultades en la atención a la víctimas del terremoto de la isla de Java. Los agentes indican que la ayuda humanitaria canalizada por la comunidad internacional hacia la isla de Java para paliar los efectos del seísmo del pasado 27 de mayo es abundante, pero que lo que más prolifera en la zona estos días son grupos «de asistencia humanitaria», que esperan convertirse en intermediarios para canalizar esa ayuda hacia la población, con propósitos no necesariamente altruistas. El problema es el mismo que ya detectó el organismo europeo en su intervención tras la catástrofe humanitaria causada por el tsunami que asoló Asia en diciembre del 2004. Entonces se apreciaron numerosos fallos en la coordinación de las muchas organizaciones no humanitarias que se desplazaron para colaborar en la distribución de ayuda. Es un fenómeno recurrente: las grandes catástrofes, con sus secuelas tremendas de seres humanos echados a calles y campos destartalados, generan enormes corrientes de solidaridad, según el análisis comunitario. El problema estriba en que quienes donan esas ayudas no disponen de infraestructuras sobre el terreno para distribuirlas. Ni ellos ni los países en los que viven, que suelen limitar su aportación al flete, muy costoso, de aviones, civiles o militares para encaminar la ayuda hacia su destino. La gestión en tierra de esa ayuda es harina de otro costal. Desplazar a personal propio, militares por ejemplo, cuesta un dineral, porque los requisitos homologados de funcionamiento de unidades de esas características comprenden una infraestructura y una logística costosas, además de un compromiso político que muchas veces no es soportable ni por quien quiere prestar el servicio ni por el anfitrión. De modo que, al final, son las denominadas oenegés las que se ocupan de gestionar la solidaridad internacional, con la aquiescencia de las autoridades locales. Oenegés las hay de muchos tipos: con trayectorias solventes y sin ellas. Es un fenómeno, este de las oenegés, que ha proliferado extraordinariamente desde la primera parte de los años noventa, aunque el fenómeno date de antes de los setenta, cuando la clase política consideró al mecanismo útil para involucrar a la gente joven en las cosas de la gobernabilidad. El problema estriba en que el control sobre las oenegés no está homologado. Se sabe que partes sustanciales de las ayudas que la comunidad internacional destina a poblaciones afectadas por catástrofes de diverso tipo las monopolizan grupos locales que las venden en el mercado negro, a beneficio propio. Cuando no se las apropian los señores de la guerra, que causan las hambrunas para provocar la solidaridad internacional, con la que alimentan a sus ejércitos. En medio de estas dudas sobre la eficacia de algunas oenegés en Indonesia, once mil personas han sido evacuadas de las cercanías del volcán Merapi, el más activo del país, que ayer volvió a registrar un alto grado de actividad por tercer día consecutivo, elevando el riesgo de erupción. Según medios locales, los habitantes de pueblos y aldeas próximas al volcán fueron llevados a refugios temporales mientras del cráter no dejaban de salir lava y nubes de gases hacia las laderas del monte.