De la Inquisición a Al Qaida

Ángela Rodicio SERVICIO ESPECIAL

INTERNACIONAL

El terrorismo es una práctica de la que ya se tenía noticia en la antigua Grecia y que ha evolucionado en tácticas y armamento al servicio de ejércitos, comunidades religiosas o gobiernos

24 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Esta semana, dominada por el anuncio del alto el fuego permanente de ETA, el terror de la banda ha solapado el de nuestros terrores, ya cotidianos. El terror en Irak, las amenazas de nuevos actos de terror por parte de Al Qaida. Nada más conocerse la tregua, el diario británico The Guardian exponía que el terror de ETA ya no tenía «sentido» tras el 11-M. Otros comentaristas lo recogían después. Un terror había ganado a otro, pero hay muchos modos de ejercer el terror. Según la Real Academia, terror es miedo, espanto, pavor de un peligro que se teme. La Enciclopedia Británica define terrorismo como el uso sistemático del terror o de la violencia arbitraria contra gobiernos, pueblos o individuos para obtener un objetivo político. El terrorismo se ha practicado a lo largo de la historia, en todo el mundo. El historiador griego Jenofonte (430-349 a. C.) escribió sobre la efectividad de la guerra psicológica contra poblaciones enemigas. Emperadores como Tiberio, o Calígula decretaron prohibiciones, expropiaciones y ejecuciones para aniquilar a la oposición. La Inquisición española usó indiscriminadamente detenciones, torturas, ejecuciones, para eliminar lo que consideraban herejías. El uso del terror fue defendido por Robespierre como un medio para reforzar las virtudes revolucionarias, que concluiría con el denominado reinado del terror en 1793. Después de la guerra de Secesión norteamericana, 1861-1865, sudistas desafiantes crearon una sociedad, el Ku klux Klan, para intimidar a los partidarios de la reconstrucción. En la segunda mitad del siglo XIX, el terrorismo fue adoptado por anarquistas de Europa Occidental, Rusia y Estados Unidos. Creían que la mejor manera de provocar el cambio social revolucionario era asesinar a personajes que ejercieran el poder. Desde 1865 a 1905 un buen número de reyes, presidentes, primeros ministros o funcionarios fueron asesinados por los anarquistas. El siglo XX registró grandes cambios en el uso del terrorismo, convertido en marca de fábrica de movimientos políticos, desde la extrema derecha, a la extrema izquierda. Avances tecnológicos como armas automáticas, explosivos compactos detonados por control remoto, han dado a los terroristas mayor movilidad y capacidad letal. El terrorismo ha sido incluso adaptado, aunque no declarado, a la doctrina de política estatal en la Alemania nazi o la URSS. Arrestos, torturas y ejecuciones se desarrollaron sin ninguna asistencia legal o rémoras para crear una atmósfera de terror y para obligar a la obediencia colectiva de una ideología nacional; para conseguir objetivos económicos, políticos y sociales en un Estado totalitario. El terrorismo ha sido usado por una o ambas partes en conflictos coloniales (Irlanda y el Reino Unido, Vietnam y Francia y Estados Unidos); disputas por un territorio (palestinos e israelíes) o pugnas entre comunidades religiosas (Malasia, Indonesia, Irán). El impacto del terrorismo ha sido magnificado por los modernos medios de comunicación. Cualquier acto de terror es susceptible de llamar la atención de las televisiones que hace que las demandas de los terroristas se vuelvan de dominio público. El terrorismo moderno difiere del pasado, también, en que sus víctimas son frecuentemente civiles implicados por azar en los ataques (11-S). La Baader-Meinhoff de Alemania Occidental, el Ejército Rojo japonés, las Brigadas Rojas italianas, al Fatah y otros grupos palestinos, Sendero Luminoso de Perú, Acción Directa francesa, el IRA irlandés, ETA en España, están entre los grupos terroristas más famosos de finales del siglo XX. Secta islámica Con el siglo XXI llegó Al Qaida. Retomando la tradición de una secta islámica chií de los siglos XI y XIII, se asentó con acciones kamikaces. Aquella secta ismailí-nazirí consideraba un deber de su fe eliminar a sus enemigos. Tenía su base en la fortaleza de Alamut, a las afueras de la ciudad de Kazvin, en el actual Irán. Sus miembros se denominaban hahshishin, asesinos, plural de la palabra árabe hashshash, que significa fumador de hashish, con el que conseguían visiones de éxtasis del paraíso antes de afrontar el martirio. En el paraíso les esperaban 70 vírgenes para premiar su valentía. (¿Quién espera a las mujeres kamikace?) Los cruzados importaron a Europa, tras sus correrías, las palabras derivadas, asesino y asesinato. Todo el terror, todos nuestros terrorismos.