El cambio de fe se paga con la muerte en Afganistán

Emmanuel Duparcq KABUL

INTERNACIONAL

GUL BADEEN

Occidente presiona a Karzai ante el caso de Abdul Rahman, un afgano convertido que se enfrenta a un juicio por haber rechazado el islam, delito penado con la muerte en su país

22 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El Gobierno de Hamid Karzai se encontraba ayer bajo la presión de varios países occidentales -incluido Estados Unidos, su principal respaldo financiero-, muy preocupados por el caso de un afgano convertido al cristianismo que podría ser condenado a muerte por «rechazar el islam». El proceso de Abdul Rahman, de 41 años, encarcelado hace 26 días después de que su familia lo denunciase ante la policía por su conversión al cristianismo, se ha convertido en una prueba para el presidente Hamid Karzai, ya que los países occidentales que lo apoyan económica y militarmente le exigen que abra Afganistán al mundo no musulmán. Algo difícil de conjugar para un Karzai con respaldo internacional, pero que gobierna una república islámica extremadamente conservador. EE.UU., Alemania e Italia ya han manifestado su preocupación por la suerte de Rahman, el primer afgano procesado por abandonar la fe del Corán después de la caída en el 2001 del régimen talibán, símbolo del islam integrista. «Me preocupa, estoy profundamente preocupado, cuando oigo que una persona que se convirtió del islam puede ser penado por ello», manifestó ayer el propio presidente George W. Bush, después de que el lunes el Departamento de Estado advirtiese que seguía «muy de cerca» el caso. El martes, el ministro italiano de Exteriores, Gianfranco Fini, decidió convocar al embajador de Afganistán en Roma, además de prometer que trataría el caso en la cumbre europea de Bruselas. En Alemania, donde el acusado vivió nueve años, la canciller, Angela Merkel, sigue también «con preocupación» el proceso en Kabul, pero no se plantea una retirada de las tropas de Afganistán si llega a ser ejecutado, según indicó ayer un portavoz de Exteriores. Esta reacción vino después de que el martes el secretario de Estado de Defensa, Friedbert Pflüger, de la Unión Cristianodemócrata (CDU), insinuara posibles repercusiones en la misión militar germana en el país asiático, donde están destinados 2.200 soldados. Tampoco el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, eludió la polémica y dijo que pedirá a Karzai, que se levante la amenaza de pena de muerte que pesa sobre Rahman. Abdul Rahman, que trabajó como asistente médico con los muyahidines durante la lucha contra la invasión soviética en los años ochenta, cambió el islam por el cristianismo hace 16 años, tras trabajar para una oenegé cristiana en Peshawar (Pakistán). Tras pasar nueve años en Alemania, regresó en el el 2002 a su país. Aparentemente, Rahman está peleado con su familia, que tiene la tutela de sus dos hijas, de 13 y 14 años. Esta enemistad condujo, al parecer, a sus parientes a denunciarlo a la policía. «No estamos contra ninguna otra religión, respetamos otras confesiones, pero bajo nuestras leyes islámicas el castigo para un musulmán que se convierte es la muerte», añadió el juez del Tribunal Supremo Ansarulá Mawlawezada. La sharia (ley islámica) prohíbe a todo musulmán convertirse a otra religión, un acto que se castiga con la ejecución. La Constitución de la república islámica de Afganistán, adoptada en enero del 2004, estipula que «ninguna ley puede ser contraria a los principios» de la sharia .