La dispersión de ayudas causó graves perjuicios a las víctimas del tsunami

I. Saco / M. Centenera GINEBRA / BANDA ACEH

INTERNACIONAL

DIBYANGSHU SARKAR

La ONU, oenegés y observadores privados verifican el mal uso dado a los 7.000 millones de euros donados Algunas zonas se beneficiaron de un superávit de recursos y otras fueron olvidadas

26 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Un año después del maremoto que asoló el océano Índico es posible evaluar los efectos contraproducentes que tuvo el envío disperso y sin coordinación de la ayuda internacional, obviando la vía multilateral de las Naciones Unidas. «Lo que debemos comprender es la necesidad de que los donantes coordinen esfuerzos, pues la ayuda bilateral (a través de organismos privados y públicos) no es eficiente cuando se trata de responder a un desastre», explicaba ayer Sálvano Briceño, responsable de la Estrategia para la Reducción de Desastres (ERD) de la ONU. Para el experto venezolano, el mejor canal para este tipo de contribuciones es Naciones Unidas, a pesar de lo cual «fue mucho más el dinero que se canalizó bilateralmente y de manera dispersa» en ayuda de las víctimas del maremoto. Se calcula que el total de la ayuda para los países afectados alcanzó 8.500 millones de dólares (unos 7.000 millones de euros) de los 11.000 millones prometidos por la comunidad internacional, una cifra récord si se compara con la respuesta a otros desastres graves, como el terremoto que en octubre pasado causó 88.000 muertos en Pakistán y para el que la ONU tiene dificultades de financiación. Coincidiendo con el primer aniversario del desastre, un libro titulado Tsunami: La verdad humanitaria , del periodista suizo Richard Werly, cuestiona duramente la precipitación en el envío de la ayuda que llegó a las zonas devastadas y sus «efectos perversos». Werly, quien recorrió los litorales destruidos por el tsunami y estableció contacto con víctimas, donantes y organizaciones de ayuda, relata que fue testigo, repetidas veces, de como cargamentos de ayuda debían regresar por donde habían llegado por falta de lugares de almacenamiento o de la infraestructura mínima para efectuar un desembarco. Aunque reconoce que una operación de emergencia es, por definición, siempre improvisada, critica que en Indonesia «mientras ciertas comunidades estaban inundadas de ayuda, otras eran gravemente dejadas de lado», una situación en la que también ha incidido el informe anual de la Federación de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, una de las entidades humanitarias más reconocidas. Conmemoración Mientras se mantenía el debate sobre el uso de los fondos, a primera hora de la mañana de ayer las ceremonias de conmemoración de la tragedia y tributo a las víctimas se repetían por todo el mundo. En Banda Aceh, la capital provincial de una de las zonas más afectadas, el presidente indonesio, Susilo Bambang Yudhoyono, pidió un minuto de silencio en recuerdo de las 226.408 personas muertas ese trágico día en el océano Índico, según datos oficiales. El silencio sólo fue roto por el ruido de la sirena del sistema de alerta de tsunamis, activada como prueba de los esfuerzos realizados para que no se repita una catástrofe similar. «Fue bajo este mismo cielo azul, exactamente hace un año, cuando la madre tierra lanzó su más destructivo poder contra nosotros», recordó Yudhoyono.