«Hugo Chávez es derrotable en las urnas con un mensaje de cambio»

Julio Á. Fariñas CARACAS | ENVIADO ESPECIAL

INTERNACIONAL

Entrevista | Hiran Gaviria Pese a haber apoyado la carrera hacia el poder del actual presidente venezolano, el desencanto de este político lo ha llevado a alinearse con la oposición

10 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Hiran Gaviria fue ministro de Agricultura y Cría en el Gobierno de transición formado tras la salida de Carlos Andrés Pérez (1993-94) y embajador en Francia y ante la Unesco durante el Ejecutivo de Hugo Chávez. Entre 1997 y 1998 coordinó el denominado Polo Patriótico, una docena de fuerzas que abarcaban todo el espectro político venezolano y que apoyaron en su día la candidatura de Chávez a la Presidencia. También fundó Acción Agropecuaria, una pequeña organización nacional vinculada a la defensa de los intereses políticos de los agricultores. Como coordinador del Polo Patriótico acompañó a Chávez por todo el país en la campaña que lo llevó por primera vez al poder. Reconoce que tuvo con él una relación «fluida, cordial y respetuosa», lo que propició que lo nombrase embajador en Francia en 1999. Hoy está claramente alineado con la oposición. -¿Cuándo y por qué acabó su romance con el chavismo? -Acabó justamente el 10 de diciembre del 2001 cuando decidió ejecutar la Ley de Tierras, a la que me había opuesto desde el primer momento porque me parecía que era una ley inconveniente, innecesaria e inconstitucional. -¿Cómo evolucionó Chávez desde entonces hasta hoy? -Él encabezó una rebelión militar que tuvo su expresión el 4 de febrero de 1992 y el 27 de noviembre del mismo año. Esa rebelión, si bien fue rechazada como intento de derrocar un régimen democrático, se inscribe en un período en el cual la sociedad venezolana estaba desencantada del sistema político tradicional y buscaba un cambio radical. -¿Por qué ese desencanto? -Es un desencanto que tiene unas bases ciertas y otras no tan ciertas. Ciertas en el sentido de que la democracia produjo un déficit social de exclusión, marginalidad, pobreza, desempleo, corrupción y concentración del poder político, pero al mismo tiempo tuvo unos activos, como son ascenso social, creación de una clase media, mejora de las expectativas de vida -gracias el sistema de salud-, mejora de la educación y de las infraestructuras viales, eléctricas... En todo caso a finales de los ochenta había una corriente de opinión que demandaba un cambio democrático radical. Ahí se inscriben los intentos de golpes de Estado. Es lo que nos permite entender que la sociedad venezolana no deseaba ese cambio hacia un régimen militar, pero sí entendía las razones que esgrimieron los oficiales que lo encabezaron. Esto es lo que explica el discurso político de Chávez. -¿Qué respuesta ofrece Chávez a ese desencanto? - Responde creando el Movimiento V República en 1996. Empieza a recorrer el país y se encuentra un terreno abonado para un cambio radical. Él propone acabar con los vicios y con los déficits que el sistema democrático había creado en el imaginario colectivo. Así propone un adecentamiento de la Administración pública, separación de los poderes, diversificación económica y medidas de corte social para acabar con la pobreza, con los niños de la calle. Con ese discurso ganó las elecciones de hace siete años, el 6 de diciembre de 1998. Eso fue lo que hizo posible que Chávez aglutinase a fuerzas democráticas y sectores empresariales -¿Qué fue lo que falló para que las cosas estén como están? -Su gran error político fue que en lugar de optar por ser el líder de la nación prefirió ser y seguir siendo el jefe de un grupo político. Quienes votamos por él en el 98 y en el 2000 queríamos el cambio que proponía, pero también lo querían quienes no votaron por él. Había un sentimiento nacional mayoritario a favor del cambio que Chávez ha desaprovechado porque ha preferido ser el líder de sólo una parte de los venezolanos. En lugar de unir, optó por la confrontación. Con el discurso frente a las clases medias y también con la práctica. Eso se podía justificar en un primer momento, pero no desde que tiene en sus manos todos los resortes del poder. Paradójicamente eso lo ha ido aislando interna e internacionalmente. -¿Qué lectura hace usted de la altísima abstención en las elecciones del pasado domingo? -Ha puesto de manifiesto que las mayorías nacionales no responden ni se movilizan espontáneamente a favor de un régimen que pretende adelantar un proceso que secuestra los poderes públicos y la libre expresión popular. El oficialismo, al plantear los comicios parlamentarios como un plebiscito frente a la gestión de Hugo Chávez, coadyuvó a que los resultados se conviertan en la más contundente derrota electoral de los últimos siete años. -¿Considera correcta la retirada de la oposición en la pasada cita electoral? -No se puede afirmar que la abstención sea una respuesta directa a la retirada de la oposición. La abstención fue asumida por la ciudadanía como una forma de protesta ante el convencimiento de que las elecciones habían perdido su razón y utilidad como mecanismo resolutorio de las confrontaciones políticas. En la medida en que la oposición haya entendido este mensaje, la decisión de retirarse fue correcta. -¿Y el futuro? -Entramos en un nuevo período de la lucha política. Por un lado, un Gobierno que se deslegitima progresivamente y pierde fervor popular y, por otro, hay que reconocerlo, aún persiste un vacío en cuanto al mensaje alternativo y a los mensajeros que enmarquen de manera idónea la propuesta de cambio. -¿Es derrotable Chávez en las urnas? -Con unas reglas de juego transparentes, como las que señalan los observadores internacionales en sus informes, Hugo Chávez es perfectamente derrotable en las urnas con un mensaje de cambio y un líder que encarne de forma idónea ese mensaje.