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Análisis | El reparto de los fondos La ampliación al Este, la ralentización económica y el agujero que registran las finanzas de los países más ricos obligan a modificar las políticas de cohesión
29 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Galicia parece condenada a convertirse algún día en algo parecido a la Bretaña francesa, un territorio de casi tres millones de habitantes, accesible mediante trenes de alta velocidad, con una relevante producción de leche y marisco, aunque cada vez más volcado hacia el turismo náutico. Posiblemente, ni Galicia ni Bretaña lograrán espantar del todo la negra sombra de los naufragios petroleros, pero lo que sí está claro es que, cuando llegue ese día, los gallegos -al igual que hoy los bretones- deberán prescindir de las cuantiosas ayudas europeas para trazar su progreso. Actualmente, Bretaña es una región un 20% más rica que Galicia, en términos de renta por habitante, aunque su índice de prosperidad también está por debajo de la media europea. En eL Finisterre galo, el dinero no cae de Bruselas como si fuera maná, si bien la Unión Europea (UE) tiene asignado a este territorio una ayuda de 23 euros por habitante y año. Nada que ver con los 270 euros per cápita que obtiene Galicia, una de las comunidades más mimadas por la solidaridad europea. Lo único que falta por saber es en qué año Galicia se quedará sin fondos estructurales. Puede que en el 2007 o quizás en el 2013, si bien lo más probable es que los vaya perdiendo irremediablemente a partir del año próximo, en beneficio de socios como Polonia, Hungría, Rumanía y otros países del Este. Crisis de identidad Las políticas de cohesión y de solidaridad territorial son una de las grandes víctimas de la crisis de identidad en la que está inmersa la Unión Europea, crisis acelerada desde que Francia y Holanda hicieron fracasar la primera tentativa constitucional. El contexto socioeconómico tampoco es el más favorable para sostener grandes líneas de redistribución de la renta hacia los países menos prósperos. El escaso o nulo crecimiento económico lastra el bloque comunitario desde el 2001, lo que lleva a los Estados miembros a mirar más hacia su propio ombligo que a Bruselas. Por si fuera poco, varios países -con Alemania, Francia, Italia y Holanda a la cabeza- están más preocupados por taponar los agujeros de sus finanzas públicas que por la cohesión europea. Sin presupuesto El que los Veinticinco no fueran capaces siquiera de ponerse de acuerdo el pasado mes de junio a la hora de establecer el Presupuesto de la UE para el septenio 2007-2013, es otro síntoma evidente de la crisis profunda por la que atraviesa todo el proyecto de construcción europeo. Es más, la parálisis presupuestaria provocada deliberadamente por un grupo de países capitaneado por el primer ministro británico, Tony Blair, agrava todavía más la situación de las regiones de la cohesión, como Galicia, pues a partir del 2007 no dispondrán de dinero para inyectar a sus programas de desarrollo. Tanto la Eurocámara como los nuevos países del Este, especialmente Polonia, advirtieron del riesgo que entrañaría el no aprobar un marco presupuestario lo más pronto posible, pues el 2007 se convertiría en un año cero a efectos de cohesión, en el que Bruselas estaría incapacitada técnicamente para librar las transferencias a las regiones más necesitadas. Para Galicia, además, la perspectiva de perder las ayudas europeas crece cada día que transcurre sin que la UE alcance un acuerdo presupuestario, ya que la tendencia es que la comunidad gallega registre un incremento progresivo en términos de renta per cápita, quizás el suficiente para superar el umbral del 75% de la renta media europea y perder la consideración de región Objetivo 1, la que da derecho a recibir la porción más grande de la tarta de los fondos estructurales. Entre el 2000 y el 2006, Galicia recibirá transferencias de ayudas regionales directas por valor de 3.500 millones de euros, complementadas con otros 1.500 millones más redistribuidos de instrumentos comunitarios como el Fondo de Cohesión. En total, la cuenta asciende a 5.087 millones, frente a los 466 millones obtenidos por la Bretaña francesa. Proyectos distintos Hospitales, paseos marítimos, cursos de formación, puertos, autovías y carreteras rápidas se fueron tragando todo este dinero en Galicia. En cambio, los bretones destinan el suyo a programas de empleo, de reconversión industrial o de innovación tecnológica, como dicta el Objetivo 2. La comunidad gallega también deberá aplicarse este cuento en el futuro, incluso aunque continúe en el grupo de las regiones menos prósperas, pues si algo tiene claro Bruselas y la mayoría de los Veinticinco socios es que hay que gastar menos en cemento y más en conocimiento, para concentrar las inversiones en aquellos sectores o actividades que mayor valor añadido generen. En la última cumbre celebrada por los líderes europeos en Hampton Court (Inglaterra) hace tres días, el debate sobre el Presupuesto de la UE volvió a quedar aplazado. Algunos jefes de Estado, como el francés Jacques Chirac, incluso avanzaron que la mayoría de los países están «impacientes» por aprobar el nuevo paquete financiero. Pero cuando se apruebe, lo que está claro es que será un presupuesto más cicatero que el actual, y guiado por criterios muy alejados de lo que en 1958 se entendía por cohesión.