Análisis | Ataque en Aqaba
20 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Más que una continuación del terrorismo yihadista, el ataque del viernes en Jordania parece una recapitulación: el lugar elegido, Aqaba, es una ciudad vacacional de europeos, esta junto a Israel (a donde fue a parar uno de los misiles) y su puerto albergaba en ese momento dos barcos norteamericanos. Sin embargo, el cohete dirigido contra Israel sólo hirió a un taxista, y los otros no acertaron a los buques. De hecho, es Jordania la víctima principal de este ataque, y no sólo porque en él haya perdido a uno de sus soldados. Este país, que existe gracias a Gran Bretaña (Churchill se vanagloriaba de haberlo creado «un domingo por la tarde») y que subsiste gracias a EE.UU., ha ido viendo en los últimos años como disminuye rápidamente su relevancia e incluso su viabilidad política. Si en los años 90 la Administración de Bush padre todavía podía perdonarle al difunto rey Huseín su «apoyo pasivo» a Sadam Huseín, el giro en el conflicto palestino-israelí y la nueva estrategia antiterrorista hacen que ahora, en cambio, el hijo de Huseín resulte casi prescindible para el hijo de Bush. Por una parte, el rey Abdalá tiene que enfrentarse a la creciente hostilidad interna por su política prooccidental (y lo hace con medidas como la prohibición en marzo de las asociaciones profesionales (la única forma de sindicatos que estaban permitidos). Por otra parte, Washington le presiona para que haga reformas, la panacea de la Administracion Bush para Oriente Medio. En ese contexto de tensión, lo último que necesitaba Abdalá era el indicente de Aqaba. La imagen de los navíos de la Quinta Flota levando anclas y alejándose a toda prisa de Jordania podía leerse como profecía de una nueva actitud americana hacia el país creado «un domingo por la tarde».