La periodista de The New York Times J udith Miller ingresó ayer en prisión por negarse a revelar la identidad de sus fuentes, en el pulso más firme que ha mantenido el Gobierno y la prensa en Estados Unidos en tres décadas y en el que podría estar involucrado Karl Rove, principal asesor político de George W. Bush. El caso ha vuelto a situar bajo los focos el debate sobre la libertad de prensa, en un momento en el que crecen las críticas a la Casa Blanca, a la que varios medios acusan de querer recortar este derecho. «Si los periodistas no pueden ofrecer la confianza necesaria para guardar el secreto de sus fuentes, entonces no pueden trabajar y no habría libertad de prensa», dijo Miller ante el juez federal de Washington, Thomas Hogan, quien indicó que este tiempo en la cárcel la hará reflexionar para que testifique y revele su fuente en el caso, en el que investiga la filtración del nombre de una agente secreta de la CIA. «Este es un orgulloso pero terrible momento para The New York Times y sus empleados. Agradecemos a Miller que encarne esta lucha por todos nosotros», señaló el largo editorial con el que el rotativo respondió a la decisión de Hogan, criticada por otros medios nacionales como The Washington Post . Para expresar su solidaridad con Miller, varias decenas de periodistas se manifestaron enfrente de sus redacciones por todo el país cuando comparecía en el tribunal para exigir el respeto a la libertad de expresión. Desde el Comité para la Protección de los Periodistas indicaron que con esta decisión «Estados Unidos lanza un terrible mensaje al resto del mundo». No obstante, no todos los medios cerraron filas ni encumbraron a Miller como símbolo y víctima. El tabloide conservador New York Post señaló que «tenemos claro que ninguno de nuestros reporteros están por encima de la ley», criticando la negativa de Miller a testificar, mientras que Rosa Brooks recordó en Los Angeles Times que Miller ayudó a la Casa Blanca, antes de la guerra de Irak, a sostener la existencia de armas de destrucción masiva, en base a fuentes anónimas. Su colega, el reportero de Time Matthew Cooper, quien se enfrentaba a una pena igual que Miller en el mismo caso, decidió testificar para evitar así ir a prisión.