El proceso por el primer gran atentado de los «años de plomo» en Italia termina 36 años después sin culpables, pero condena a las familias de las víctimas a pagar las costas
04 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Así funcionan a veces las cosas en Italia, para desesperación de los ciudadanos de bien: 36 años y 11 procesos después de la masacre de Plaza Fontana, una bomba colocada en una oficina del Banco Nacional de Agricultura de Milán que dejó 17 muertos y 84 heridos en 1969, la sentencia definitiva del Tribunal Supremo ha confirmado la absolución de los últimos acusados. A día de hoy, sigue sin haber culpables del gran atentado que abrió los «años de plomo» del terrorismo en Italia. Sólo han pagado las familias de las víctimas, condenadas a correr con las costas del juicio, la burla de un caso que enfrenta al país con lo peor de su historia, la guerra sucia de los servicios secretos en los 70, y de una justicia incomprensible. «Las familias de las víctimas están asqueadas y yo también, después de tantos años», ha confesado el histórico abogado de los afectados, Federico Sinicato. Toda Italia está conmocionada y ya varias instituciones, desde el Ministerio de Justicia al Ayuntamiento de Milán, se ofrecieron a pagar los gastos procesales. La última sentencia, conocida el martes, cierra otro filón de las investigaciones. El Supremo sólo ha confirmado la absolución del 2004 del tribunal de segundo grado a los últimos tres acusados, Delfo Zorzi, Carlo Maria Maggi y Giancarlo Rognoni. En primera instancia habían sido condenados a cadena perpetua. Un cuarto cómplice, Stefano Tringali, merecía una pena, pero ha sido absuelto por prescripción del delito. «Un crimen de Estado» No obstante, algunos tienen pocas dudas. «Fue una matanza de Estado. La verdad es conocida y probada en los procesos: a finales de los años sesenta sectores del Estado, desde los servicios secretos (SID) a mandos militares y políticos, planificaron el uso de terroristas de extrema derecha para asustar a los moderados y frenar el ascenso de la izquierda», reiteró el ex fiscal jefe de Milán, Gerardo D'Ambrosio. La llamada «estrategia de la tensión» de los «años de plomo», con neofascistas de un lado y las Brigadas Rojas de otro se saldó con 12.690 atentados de 1969 a 1980, con 362 muertos y 4.000 heridos. La historia es misteriosa: se acusó a los anarquistas y uno de ellos murió al caer por la ventana de una comisaría; la policía ocultó pistas (hizo estallar la única bomba que no explotó); el caso se reabrió por casualidad gracias al hallazgo de un arsenal por unos albañiles; agentes bajo sospecha huyeron al extranjero con pasaportes de los servicios de seguridad; y el secreto de Estado bloqueó a menudo la investigación.