Crisis en el techo del mundo

Miguel Anxo Murado

INTERNACIONAL

GOPAL CHITRAKAR

Análisis | Lucha política y guerrillera en Nepal La oposición democrática convierte en un conflicto a tres bandas la lucha en Nepal entre monarquía y guerrilla maoísta.

09 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Son dos anacronismos frente a frente: de una parte la guerrilla maoísta nepalí, de otra el la monarquía absoluta recién instaurada por el rey Gyanendra. A esta lucha en la cima del mundo se ha venido a sumar esta semana una tercera fuerza enfrentada a ambas: la de los partidos políticos, que en los últimos días han salido a protestar el decreto real del 1 de febrero por el cual se disolvió el Parlamento y quedó restablecido, por primera vez en 15 años, el «gobierno directo» del soberano. Precisamente el jueves se cumplían esos 15 años de lo que más o menos se podría llamar democracia en Nepal y los partidos lo conmemoraron con manifestaciones que están resultando en una epidemia de arrestos. Ayer, varias personalidades de la oposición pedían a las Naciones Unidas el envío de un relator que investigue el estado de los derechos humanos en el país, que no era bueno ya antes del 1 de febrero y que difícilmente habrá mejorado con la monarquía absoluta. A ese relator no le faltaría trabajo. También ayer se conocía un nuevo informe (el «Nepal Human Rights Year Book 2005») que habla de 11.200 nepalíes que han perdido la vida desde el comienzo de la guerra civil hace nueve años. Tan sólo el año pasado, el Ejército ha matado a 1.300 personas y nada menos que otras mil han desaparecido sin dejar rastro después de haber sido detenidos. Como suele suceder, nada de esto ha servido para frenar a la guerrilla maoísta, cuyo comportamiento, en lo que a derechos humanos se refiere, no es en absoluto mejor que el de las fuerzas de seguridad (después de todo, toma como modelo a Sendero Luminoso). Hace nueve años nadie los tomaba en serio, pero los maoístas se han convertido en una formidable fuerza de 15.000 milicianos que controlan entre el 30 y el 40% del país. Fue la desesperación del rey Gyanendra de Nepal ante la incapacidad del Gobierno para derrotar a la guerrilla o, al menos, negociar con ella, lo que le movió a disolverlo en febrero. Lo cierto es que, con once gabinetes distintos en once años, la democracia nepalí no ha resultado demasiado satisfactoria, pero al ponerle fin, el rey se ha jugado el todo por el todo. Ayer y anteayer, acosada la monarquía por los manifestantes pro democracia en Katmandú, y estando la capital a su vez asediada por los maoístas, los cuales son lo suficientemente poderosos para no perder pero no lo suficientemente poderosos para ganar, las tres fuerzas que se enfrentan en el techo del mundo parecían enzarzadas en un empate de resultado impredecible.