Una multitudinaria manifestación en Beirut precipitó la decisión El primer ministro pro sirio tomó la medida tras una tensa sesión en el Parlamento
28 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.El asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri se cobró ayer su primera víctima: la del actual primer ministro, el pro sirio Omar Karamé y, por ende, la de todo su Gobierno. El asesinato de Hariri, las presiones externas, las denuncias de la oposición y la multitudinaria manifestación de ayer en Beirut aceleraron la dimisión. La decisión puede entenderse como una medida para apaciguar la tensa situación en el Líbano y para encubrir la ingerencia siria en el país mediterráneo. «Anuncio la dimisión del Gobierno para que no constituya un obstáculo» a la investigación del asesinato de Hariri. El anuncio de Karamé fue seguido de un estallido de aplausos de la Asamblea, tras una tensa sesión a petición de la oposición. «Ya te llegará tu hora Lahud y también la tuya Bachar», cantaban por su parte los miles de libaneses reunidos desde la noche del domingo en la vecina plaza de los Mártires, en alusión a los presidentes del Líbano y de Siria. En toda la capital y la mayoría de las regiones libanesas se hicieron oír petardos y conciertos de bocinas en señal de alegría. En una primera reacción, el diputado opositor y jefe druso Walid Yumblat agradeció a «la oposición y el pueblo que llevaron a esta victoria». Más tarde, Yumblat, llamó a «hacer prevalecer al mismo tiempo la razón y a no lanzar eslóganes chovinistas contra Siria, con la cual estamos decididos a sanear relaciones». «El pueblo ha sido victorioso, pero debemos ahora formar un gobierno imparcial para supervisar las elecciones» legislativas previstas para la primavera, añadió. A la calle La gota que colmó el vaso se produjo ayer. Más de 20.000 libaneses se echaron a la calle en Beirut - desafiando la decisión gubernamental de prohibir la manifestación-, los comercios cerraron y la ciudad se quedó paralizada para protestar contra la injerencia de Damasco y pedir la dimisión del Gobierno pro sirio. Los retenes del Ejército que rodean la plaza de los Mártires dejaron pasar a los manifestantes y las alambradas para filtrar a la multitud fueron destruidas. Muchos concentrados confraternizaron con los soldados, regalándoles flores, mientras que aseguraban que no se moverían de la plaza hasta que lograran sus demandas, en una «revolución naranja» a la libanesa.