El otro extremo de Europa

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro CORRESPONSAL | BRUSELAS

INTERNACIONAL

KERIM OKTEN

Turquía deberá desterrar hábitos como la tortura, el mal uso del «bakchich» o las pruebas de virginidad para saltar algún día la fosa que la separa de la UE

11 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Es, junto a Túnez, el único país musulmán que prohíbe la poligamia. Pero se tolera socialmente. También se autoproclama laico, pese a que el Gobierno está en manos de islamistas. Turquía es una inmensa nación de contrastes decidida a ingresar en la Unión Europea a medio plazo. Bruselas le acaba de entreabrir las puertas, pese a que hay infinidad de materias en los que Anatolia está más próxima al Congo que a Suecia. Tortura. Para Bruselas «ha dejado de ser una práctica sistemática», pero algunas organizaciones sostienen que el maltrato es práctica habitual. «¿Que no existe tortura sistemática? Eso es una observación cínica, hable claramente de lo que pasa en las cárceles turcas». Así de contundente se mostró el jefe de filas del Grupo Popular Europeo, el alemán Hans-Gert Pöttering, al conocer el alentador informe comunitario sobre Turquía, en el que se documentan hasta 692 denuncias por tortura en el primer semestre del año. Pruebas de virginidad. Para asegurar que una novia llega «pura» al matrimonio, en Turquía es frecuente comprobar su virginidad. Y el resultado puede provocar la ruina e incluso la muerte impune de la mujer. Para Human Rights se trata de «una violación flagrante» de los derechos humanos de la mujer, lo que sitúa al país más cerca de Sri Lanka que de Polonia, Suecia o España. El nuevo código penal se limita a erradicar estas pruebas de las comisarías, pero se podrán practicar a petición de un fiscal. La Ana Orantes turca. Amnistía Internacional documentó el caso de la turca Guldunya Toren, pero a diferencia del de Ana Orantes en España, quemada viva por su marido, no provocó ningún debate social. Tras quedarse embarazada, Guldunya se negó a casarse con su primo por lo que fue enviada a casa de su tío a Estambul, donde le dieron una soga para ahorcarse. Ella escapó y pidió protección a la policía, que la invitó a regresar a casa. En febrero pasado, la mujer recibió varios disparos de sus hermanos. Ingresó grave en un hospital, en el que penetraron sus parientes de noche para rematarla de un tiro en la cabeza. El papel del Ejército. Aunque su poder se ha visto recortado, la Comisión estima que tiene «cierto grado de autonomía», hasta el punto de ejercer una notable influencia «a través de canales informales». Es algo que quedó en evidencia con la invasión de Irak, cuando las fuerzas armadas se movilizaron para la intervención junto a EE.UU. antes incluso de que el Gobierno, y el Parlamento, dieran su consentimiento. Respeto a las minorías. El Parlamento turco reconoció en agosto los derechos culturales de los kurdos, unos 15 millones en este país. Sobre el papel, ya no está prohibido utilizar la lengua kurda, pero esta gran minoría reclama que estos cambios «salgan a la calle» y se apliquen, no en vano Bruselas todavía aprecia «restricciones considerables» en los campos de la educación y la difusión. Sin ir más lejos, decenas de estudiantes que pidieron clases en kurdo fueron inmediatamente represaliados. Diez veces más pobre que Galicia. Van y Agri son dos regiones del Este de Turquía cuyos habitantes viven con menos de 80 euros al mes. Su renta es diez veces inferior a la de un gallego, que según Eurostat es de 788 euros, y eso que la de Galicia ya es baja en el cómputo de la Unión Europea. Incluso la región turca más próspera, Kocaeli, registra una riqueza per cápita de sólo el 46% de la media comunitaria. La fuerte «disparidad regional» es anotada por Bruselas como «una gran dificultad» para el ingreso en la UE. La corrupción. El bakchich , para los turcos, es algo más que una propina. Es un soborno socializado al que recurren muchas veces para agilizar trámites en un hospital, un juzgado o con la policía. Bruselas recalca que «la corrupción sigue siendo un problema muy serio en casi todas las áreas de la economía y en los asuntos públicos». Los índices sobre percepción de la corrupción suspenden a Turquía con un 3,1 (España aprueba con un 6,9), lo que sitúa a este país incluso por debajo de Colombia, México, Marruecos o Ghana.