Europa fue desde siempre confluencia de culturas y cruce de caminos. Dice la mitología que la doncella Europa fue raptada por Zeus transmutado en toro. Esta imagen está en la recámara y en el imaginario colectivo de todos los europeos y forma parte de su inconsciente. Fue una leyenda en la antigüedad pero está a punto de hacerse realidad en una fusión articulada y moderna: la Unión Europea. El Tratado de Roma, que daba carta de naturaleza a la incipiente Europa de los Seis, se firmó en la capital italiana en 1957. Para acentuar el simbolismo, la Constitución Europea que consagra la Europa de los Veinticinco también se sellará en la misma sala el próximo 29 de octubre. El sueño europeo avanza, incluso acelera su proceso de ratificación en estos últimos tramos como si quisiera evitarse cualquier sobresalto. El primer acto de Josep Borrell como presidente del Parlamento Europeo fue un llamamiento en pro de la ratificación de la Constitución Europea. Para que no haya ninguna duda sobre la voluntad general, todos los países tendrán que convalidarla. Europa no la decidirán las cámaras, sino los 455 millones de personas que viven en ella y que están en edad de votar. Europa toca el sueño con la punta de los dedos. Veinticinco países la han imaginado y, por primera vez en la historia, ese anhelo va a cuajar, según se acordó solemnemente el pasado 18 de junio a las 22 horas. Ha habido acuerdo entre los estados pero los ciudadanos y los parlamentos tienen que ratificarlo en un proceso que durará dos años y que está lleno de obstáculos. Entre los que han de convalidar lo firmado figuran: en primer lugar, los holandeses, sin problema; también lo han anunciado los españoles, europeístas; y en otoño del 2005 los franceses, impredecibles y enamorados del concepto estado-nación. Sin embargo, ¿qué avances se han producido después de más de medio siglo de pactos democráticos que hicieron posible la utopía más racional de la modernidad, la Unión Europea? La capacidad crítica debe quedar alerta pero es absurdo cicatear con peros y salvedades lo alcanzado. Europa no se consigue en una hora. Se trata en cualquier caso de un pronunciamiento pacífico que ha unido contra todo pronóstico a veinticinco países. Veinticinco naciones vinculadas sin mediar conquista ni guerra, por voluntad compartida e interés mutuo. Además han logrado un «plus ultra» de la construcción europea, que tiende incluso hacia una unión política más extensa. Las decisiones del foro así creado se tomarán democráticamente con la anuencia del 55% de los estados y del 65% de la población, lo que contentó a todos los miembros, incluso a la poderosa Alemania, la ahora menos poderosa Francia y la renuente Gran Bretaña. Alemania salió con más influencia que Francia, se rompió el equilibrio, como corresponde a la importancia actual de ambos países. Gran Bretaña, revigorizada por la llegada de nuevos miembros afines, mantuvo férreamente el derecho al veto en materia de defensa, seguridad social, fiscalidad y política exterior. Todas estas componendas se necesitan para fraguar un acuerdo tan ambicioso como éste, pero no hay duda de que cada paso adelante de la Unión Europea constituye un paso atrás para la política británica. La Unión Europea se afianza como un poder contrario a la política tradicional inglesa: anglosajona y anglonorteamericana. Ahora bien, ¿es justa la alianza de estos 25 países, más prósperos que los demás, que conforman un club aparte en medio del caos del mundo? Europa recuerda a la provocativa imagen de Salvador Dalí, que imaginaba ricas catedrales rodeadas de una muchedumbre harapienta y hambrienta. Esta ensoñación es verdad en el sentido de que la Unión Europea es el conjunto de países más ordenado, más culto y más ilustrado del planeta. Consciente de su papel, España gana peso en el reparto de la Constitución Europea tras renunciar prudentemente al sueño imposible de protagonismo del ex presidente Aznar. José Luis Rodríguez Zapatero, más cabal, vuelve a las alianzas tradicionales. Europa es un concepto, una idiosincrasia, una civilización, un sedimento de saberes y de conocimientos, por cierto, capaz históricamente de lo peor y de lo mejor a un tiempo. Según la sugerente síntesis del gran ensayista y poeta francés Paul Valéry, Europa se define por la ecuación de Atenas+Roma+Jerusalén. Yo añadiría para completar el concepto otro dato más: el encuentro con América, protagonizado por España, que dio pie para que Europa se viera por primera vez a sí misma desde fuera como un conjunto, para que tuviera conciencia de su propia existencia. Bueno, no todo en Europa es excelencia: el nazismo y el fascismo son europeos y la colonización francesa e inglesa en África no fueron precisamente ejemplares. La inmigración y la mezcla darán a Europa una visión más amplia de las cosas. Porque: Europa, quiere decir por encima de todo democracia, respeto a los derechos humanos y tolerancia. Tal debe ser la utopía y el sueño europeos.