La batalla por la sucesión de Juppé se convierte en un acto de apoyo

La Voz EFE | PARÍS

INTERNACIONAL

FRANCOIS GUILLOT

El congreso del partido en el poder en Francia, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), destinado a lanzar la campaña para las próximas elecciones regionales, terminó por convertirse en una manifestación multitudinaria de apoyo a su presidente, Alain Juppé, tras su reciente condena a 18 meses de cárcel sin cumplimiento y a 10 de inhabilitación pública por financiación ilegal. La batalla abierta por su sucesión al frente de la UMP, que dejará el próximo noviembre -en cambio mantiene sus cargos de diputado y alcalde de Burdeos hasta que se conozca el fallo en apelación-, centró la reunión en París de 10.000 simpatizantes y cuadros del partido conservador. El ex primer ministro, aclamado y vitoreado por sus seguidores -muchos de los cuales incluso llevaban camisetas con su nombre-, aseguró no sentir «amargura alguna» porque «hasta ahora» su vida política había sido «intensa y entusiasta». «Todos los hombres son imperfectos, fallan, yo como los otros (...) Asumo mi responsabilidad», añadió. Juppé, hasta su condena delfín de Jacques Chirac, insistió a los militares en mantenerse unidos y evitar «disputas estériles» y «competiciones prematuras». Su llamamiento a la unidad, a la que también aludió el primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, dejó claro que lo más importante para el partido neogaullista, es la necesidad de evitar una crisis en la carrera por la sucesión. De hecho, la decisión de Juppé de mantenerse por ahora en la política, atribuida a las presiones de Chirac, parece estar destinada a dar tiempo a los «chiraquianos» y evitar «sorpresas». No en vano, un aspirante es el ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, uno de los eventuales rivales de Chirac en las presidenciales de 2007 y que es el sucesor de Juppé preferido por los franceses, según un sondeo. Raffarin también insistió en que «la única corriente» en el seno de la formación «es el TSD, todos salvo la división», en alusión a la expresión TSS (todos salvo Sarkozy) que ya ha sido acuñada entre los partidarios de Chirac.