El principal grupo chií sufrió ayer de madrugada un nuevo ataque en Bagdad horas antes de que los imanes pronunciasen la primera plegaria de viernes santo tras la detención de Sadam. Una mujer murió y ocho personas resultaron heridas en la explosión que afectó a los antiguos locales del partido Baaz puestos a disposición de las familias pobres por el Consejo Supremo de la Revolución Islámica. En la fotografía, la madre y el hijo de la mujer muerta en el atentado. Entre las nuevas fuerzas iraquíes que ayudan al Ejército estadounidense a gobernar Irak se habían infiltrado un buen número de espías afines a Sadam Huseín que informaban a la insurgencia sobre sus movimientos. Según reveló ayer la cadena ABC News, la CIA los ha descubierto gracias a los papeles que portaba consigo el dictador en el momento de sus captura y que fueron descritos como «una mina de oro». En los últimos meses, Washington había apurado el proceso de reclutamiento y entrenamiento de iraquíes para formar los cuerpos de la Policía y el Ejército, ya que George W. Bush desea que la transición se complete antes del verano. La prisa ha obligado a pasar por alto muchas de las comprobaciones que se pretendían hacer a los reclutas. Hasta el momento, 162.000 iraquíes han sido entrenados para realizar labores en áreas de defensa civil. Según William Rosenau, antiguo asesor del Pentágono en operaciones especiales, la presencia de espías entre sus fuerzas supone un continuo boicot a su labor, ya que no sólo informan al enemigo del tipo de armamento, tácticas y movimientos de las tropas, sino que «también arrojan arena en su visor mediante la técnica de desinformarles», declaró. La noticia encaja con las declaraciones realizadas el martes en Bagdad por el general Mike Scaparroti, que comanda la Primera División Blindada el Ejército de Tierra. «Estamos cambiando algunas operaciones, así como aspectos de tiempo y ubicación, para que nuestras patrullas sean menos predecibles», admitió. El general, que acompañaba ese día al jefe del Estado Mayor, Richard Myers, de visita en Irak, «apenas podía contener su emoción por los hallazgos» en el maletín de Sadam, describió The Washington Post . El otro comandante de la división, el general Martin Dempsey, dijo que en el maletín se había encontrado información que permitía quebrar la red de apoyo a los insurgentes e incluso desmantelar algunas células. Papel pasivo Según el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, en Bagdad operan unas diez células terroristas integradas por unos mil hombres, de los que «sólo 100 o 200 están apasionados con lo que hacen, el resto se aprovecha de la situación, posiblemente por dinero». La información que se desprende del misterioso maletín hace pensar que Sadam tenía un papel pasivo de «inspirador» y puede que de financiador, «pero sólo recibía informes escritos sobre las operaciones de la guerrilla, no proporcionaba consejos ni ayudaba a planear los ataques», contó Dempsey. «La comunicación sólo fluía en un sentido. Sadam era, claramente, una figura simbólica». El Pentágono cree que la gran mayoría de los que forman la resistencia son iraquíes que trabajaban para el régimen de Sadam, ya que menos del 10% de los detenidos son extranjeroso. En las últimas semanas seis de las células existentes en Bagdad han sido desmanteladas. Los papeles de Sadam habrían conducido también a la captura de tres jefes de grupos insurgente.