El principal opositor tuvo que presentarse como independiente, después de que ilegalizaran su partido Los observadores internacionales no detectaron incidentes en los comicios
25 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Cajas de madera o de cartón con improvisados cortes, a modo de ranura, esperaban ayer a los cientos de miles de ruandeses que ayer se concentraron desde primera hora ante los colegios electorales, que abrieron a las seis de la mañana. Casi cuatro millones de personas (la mitad de la población) estaban convocadas a los primeros comicios presidenciales del país. Alrededor del 80% acudieron a una consulta que casi se podría calificar de simbólica, ya que, salvo enorme sorpresa, el actual presidente, Paul Kagame, perteneciente al Frente Patriótico Ruandés, será confirmado en su cargo. Además de contar con el respaldo de los tutsis (el 15% del país), ha conseguido ganarse a la mayoría de los hutus. Y por si eso no basta, una de sus rivales, Alivera Mukarabamba, se retiró a última hora para recortar aún más las esperanzas del principal opositor, el hutu Faustin Twagiramungu, del que dijo que «su discurso divisionista pone en peligro al país». Así las cosas y teniendo en cuenta que a Nayinzira, el cuarto candidato en liza, los analistas no le conceden ni la más remota posibilidad, todo parece listo para que Kagame continúe en su cargo y prolongue los nueve años que lleva en la presidencia, después de acceder a ella poniendo fin, en 1994, al genocidio desatado en Ruanda. Sus partidarios resaltan que en ese tiempo ha hecho aumentar la seguridad y ha disminuido la pobreza, al tiempo que acercaba la complicadísima reconciliación étnica. Por contra, sus detractores critican su autoritarismo y el constante silenciamiento de sus opositores y de los medios de comunicación que no le son afines. Posibles irregularidades A ese respecto, los otros dos candidatos se han quejado de la falta de oportunidades que se les ha dado para hacer campaña. El partido por el que se presentaba Twagiramungu, el Movimiento Republicano Democrático, fue declarado ilegal y él, como Nayinzira, también hutu, tuvo que pasar a engrosar las filas de los independientes. Además, el domingo fueron detenidos doce de sus ayudantes, acusados de planear actos de violencia para las elecciones. Contra las dudas sobre la limpieza de los comicios trataron de luchar los casi dos mil observadores que revisaron el control de las urnas. Entre ellos, 350 internacionales que, una vez cerrados los colegios, a las tres de la tarde, hora local, no habían denunciado ningún incidente de gravedad.