La papeleta más larga de la historia, con 135 candidatos, incluye a una actriz de cine X, al rey de la prensa pornográfica, a Terminator y al actual gobernador, Gray Davis
21 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El próximo 7 de octubre los californianos responderán en las urnas a dos preguntas. La primera: ¿Debe el actual gobernador, el demócrata Gray Davis, abandonar su puesto? Y la segunda: En ese caso, ¿quién le gustaría que ocupase el cargo? Hasta aquí, bien. El referéndum viene avalado por el millón de firmas que recogió el multimillonario Darrell Issa -tras abonar dos millones de dólares de su bolsillo en financiar la campaña- pidiendo la destitución de Davis. Pero el proceso se ha convertido en un auténtico circo de tres pistas gracias al excéntrico elenco de candidatos; desde el protagonista de Terminator, que se ha ganado a pulso el apodo de Governator , hasta el magnate de la prensa pornográfica Larry Flint, pasando por una actriz de cine X, Mary Carey, -su verdadero apellido es Cook- que propone crear un impuesto sobre los implantes de silicona y ha prometido citas para quien contribuya en su campaña con cantidades igual o mayores a los 5.000 dólares. También se ha animado Angelyne, la reina de los anuncios publicitarios con el cabello rosa, y un antiguo niño prodigio del cine, ahora limpiador de oficinas tras varios tropiezos con la ley, de nombre Gary Coleman. Sin olvidar una joven ingeniera informática que ha optado por hacer su campaña en tanga o un fumador cuyo objetivo es liberar a sus compañeros de la nicotina de la opresión anti-tabaco. Tres mil quinientos dólares y 65 firmas. Era todo lo que hacía falta para presentarse como candidato a gobernador de un estado cuya economía es igual a toda la francesa y cuya población, 33 millones de habitantes, supera a la de Canadá. Se presentaron cerca de 200 aspirantes. Finalmente, después de la criba de la secretaría del Estado, la lista se ha reducido a 135, la papeleta más larga de la historia. Entre los candidatos serios , la analista política Ariana Huffington o el empresario Bill Simon. A su lado, en la lista, un empacador de carne jubilado y un luchador de sumo. Todos juntos contra Gray Davis, un demócrata que fue reelegido hace apenas nueve meses pero que hoy tiene muy pocas oportunidades más allá de sus parientes cercanos. Una mala gestión de la crisis energética y un déficit de 38.000 millones de dólares le han llevado de la mano hasta la puerta de salida. Paralizado en el umbral, contempla atónito el desfile de sus contrincantes. Uno de ellos es Cruz Bustamante, actual vicegobernador que, en junio, con cara de póquer, aseguraba que no participaría «de ningún modo» en «la costosa perversión del proceso de reelección» -la última encuesta le situaba como segundo favorito, tras Arnold Schwarzenegger- . El presidente George W. Bush y su predecesor, Bill Clinton, también se han dejado ver y oír en el espectáculo californiano. El primero, porque acudió al boyante estado para participar en varios actos de recogida de fondos con vistas a su propia reelección en el 2004. El segundo, porque se ha convertido en el consejero y mentor del maltrecho Davis alegando «molestos paralelismos» entre el intento de los republicanos para desbancar al gobernador y el escándalo Mónica Lewinsky en 1998. En el último intento por recuperar lo que todavía es suyo, Davis acusó a los republicanos de provocar esta situación para captar los apoyos que no lograron previamente en las urnas. Cierto o no, la tentación estaba ahí: California tiene un gran peso político a nivel nacional con 54 votos en el Colegio Electoral. En cualquier caso, si en los próximos plebiscitos no obtiene el 50 por ciento de los sufragios, Davis será reemplazado y ante la larga lista de postulantes, el ganador necesitaría sólo una fracción de votos. El espectáculo continúa, pasen y vean.