Berlusconi asusta a Europa

Domingos Sampedro
Domingos Sampedro CORRESPONSAL | BRUSELAS

INTERNACIONAL

Crónica | Italia asume el martes la presidencia rotatoria de la UE Varios países dudan que el perfil del primer ministro italiano y sus problemas con la justicia sea el adecuado para representar a los Quince los próximos seis meses

28 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

El alemán Gerhard Schröder lo reprende o lo evita. Con el francés Jacques Chirac no acaba de tener feeling y con el presidente de la Comisión Europea, su compatriota Romano Prodi, la enemistad es manifiesta. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, tomará el próximo martes el relevo de Grecia para encarnar la imagen y el liderazgo de la Unión Europea ante el mundo, algo que ha desatado las críticas de varios medios de comunicación y ha sembrado la inquietud en círculos diplomáticos de Bruselas. A unos les incomoda su temperamento, a otros su apasionada verborrea. Los hay que recelan de su éxito en los negocios y los que también, especialmente los nórdicos, no acaban de confiar en una líder político que justo antes de iniciar su mandato europeo impulsó una ley para blindarse ante los jueces. «Berlusconi será un presidente de la UE exótico, en algunos aspectos como un pachá oriental», publicaba recientemente el diario británico The Independent, que no dudó en calificar a Il Cavaliere como «una especie de ladronzuelo de bajos fondos y timador profesional relacionado con la mafia». El vespertino francés Le Monde pone el acento en la «rivalidad» que existe entre Prodi y Berlusconi, y se hace eco de las dudas que plantea un presidente de turno de la UE «que lleva una política europea incierta y que es perseguido por corrupción». Pero todas estas críticas no arredran, ni mucho menos, al premier italiano. Hace ya varios meses que comenzó a preparar concienzudamente la presidencia europea, semestre en el que espera sea firmada la nueva Constitución de la UE -en una suerte de Tratado de Roma II-, lo que sin duda otorgaría un mayor refrendo internacional al ecléctico Gobierno de Roma, integrado por un partido conservador-populista, por separatistas del norte y por ultraderechistas de la Alianza Nacional. Además, Berlusconi está dispuesto a ganarse la simpatía de los poderes económicos, alentando un megaplan de infraestructuras muy acorde a su estilo. Su propósito es que Bruselas y los Estados miembros inviertan 600.000 millones de euros hasta el año 2020 para impulsar las obras públicas en las redes de transporte transeuropeas y poder así estimular el crecimiento. Claro que París y Berlín, que ven preferible invertir en la materia gris más que en el hormigón, han planteado ya algunas reservas de fondo a esta iniciativa, lo que deja entrever la escasa simpatía que tanto Chirac como Schröder muestran por su colega de Milán. En cualquier caso, los recelos hacia Berlusconi de Francia y Alemania ni son nuevos ni se limitan a estos dos países. Schröder llegó a vetar públicamente al jefe del imperio mediático Mediaset para que tomase el control del grupo alemán Kirch Media, cuando este dio en quiebra hace un año. Y tanto París como Bruselas se escandalizaron cuando, poco después de los atentados del 11-S, Il Cavaliere proclamó que la civilización occidental era superior a la oriental, algo que indignó al mundo árabe y que empujó a Prodi a visitar de inmediato una mezquita en la capital comunitaria rodeado de periodistas. Con la salvedad de Madrid, donde lo italiano es más comprendido, esta especie de fobia anti-Berlusconi llega incluso hasta la tranquila Finlandia. Cuando se celebró la cumbre europea de Laeken, en diciembre del 2001, el primer ministro italiano se opuso a concederle a Helsinki la Agencia de Seguridad Alimentaria, a la que también aspiraba Parma. «Helsinki es buena para una agencia de congelados», llegó a decir el milanés. No es de extrañar que el principal diario finlandés, el Helsingin Sanomat , publicase recientemente que «Berlusconi se mofa del Estado de Derecho», por aprobar «de forma precipitada» una ley para librarse del acoso judicial. Meter en el barro Desde Bruselas, un diplomático citado por la agencia France Presse, dijo que lo que realmente inquieta a la UE es la misma personalidad del futuro presidente del Consejo. «La creencia es que Berlusconi tome iniciativas intempestivas que metan a toda Europa en el barro», advirtió. En cualquier caso, ninguno de estas pegas impedirá que el niño que ayudaba a hacer los deberes a sus compañeros a cambio de 50 liras o que el hombre que comenzó a ganarse la vida cantando en cruceros por el Mediterráneo se convierta en presidente de la Unión durante seis meses.