Defensa había previsto enviar dos barcos y 530 marinos más de los finalmente movilizados La Armada equipó contra la guerra tóxica tres fragatas, el portaaviones y un petrolero militar
29 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Con traje grisáceo, corbata de nudo impecable y semblante más serio que de costumbre, el presidente del Gobierno, José María Aznar, subió el 18 de este mes a la tribuna de oradores del Congreso para anunciar que las Fuerzas Armadas enviarían al Golfo 900 militares -al final han partido hacia aquella zona 868- y 3 buques. Sólo unos días antes, el Ejecutivo planeaba aportar a la coalición invasora una flotilla muy superior, de 2 barcos y 530 soldados más. A principios de marzo, el Ministerio de Defensa había ordenado distribuir 3.500 autoinyectores de atropina (antídotos contra gases nerviosos), 300 medidores individuales de radiactividad, 5 monitores para la localización de partículas nucleares y 17 detectores portátiles de agentes tóxicos entre el portaaviones Príncipe de Asturias , dos fragatas de la clase Santa María , otra del tipo Baleares y el petrolero Marqués de la Ensenada . Es decir, el gabinete que dirige Federico Trillo-Figueroa preparó estas naves, cuyas dotaciones oficiales suman 1.398 marinos, para identificar y combatir posibles ataques NBQ (Nuclear, Bacteriológico y Químico) en el teatro de operaciones iraquí.La agrupación que Aznar preveía movilizar en principio y la que finalmente desplazó al Pérsico se diferencian también conceptualmente. La primera estaba concebida para acciones bélicas (un buque insignia con proyección de fuerza aérea, tres escoltas armados y otro de apoyo logístico). La segunda, para intervenciones humanitarias: el Galicia , un barco adaptado para la asistencia sanitaria; el Marqués de la Ensenada, como surtidor de combustible; y la Reina Sofía , protectora de ambos. Tensiones entre ministros ¿Por qué el cambio de postura? A mediados de marzo, el Gobierno desconocía la ahora reciente encuesta del CIS, esa que sitúa el rechazo popular a la confrontación en un porcentaje próximo al 91% de la ciudadanía. Aunque sí sabía que había millones de personas dispuestas a gritar «no» en las calles. De todo eso conversó Aznar con sus dos vicepresidentes y con los titulares de Asuntos Exteriores, Defensa e Interior en una reunión celebrada el lunes 17 en la Moncloa. No sin tensiones, en aquel encuentro se decidió qué aportaría España al conflicto. Entre tres opciones (simplemente dar permiso a EE.?UU. para utilizar las bases conjuntas y el espacio aéreo nacional, lo anterior más una flotilla «humanitaria» y lo mismo pero con una agrupación bélica, no de apoyo) acabó por triunfar la vía del medio.Al día siguiente (martes 18) fue cuando el jefe del Ejecutivo compareció ante sus señorías. Comunicó el resultado de las deliberaciones en el gabinete de crisis y sugirió que éste se había sentido presionado por la opinión pública. «Sobre este asunto hemos debatido mucho», admitió anteayer el segundo de Aznar, Mariano Rajoy, antes de espetar: «El Gobierno no enviará más efectivos ni variará las funciones que ratificó el Consejo de Ministros».