El canciller Gerhard Schröder y el presidente Chirac han dado un puñetazo encima de la mesa para alertar de que la UE se anquilosa y amenaza con ser ingobernable 2 líneas
17 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El Tratado de la Unión Europea (UE), que hace dos años fue superficialmente reformado -lo justo para hacer posible la ampliación-, se ha convertido en un corsé. A su vez, la llamada Convención Europea, una especie de asamblea de notables cuyo objetivo es rediseñar las instituciones de la UE, ha caído en la trampa de los debates conceptuales, sin apenas aportar soluciones concretas y útiles para la construcción de la casa común. Mientras, el tiempo corre y los futuros países socios ultiman su integración. En ese escenario y contra el reloj, Francia y Alemania han reverdecido el histórico eje París-Berlín para salir del callejón. 1 ¿En qué consiste la propuesta de Jacques Chirac y Gerhard Schröder? La iniciativa franco-alemana es aparentemente simple, pues en esencia propugna dos cosas. Primera, que la presidencia del Consejo de la Unión deje de ser rotatoria -en la actualidad el cargo es ocupado por períodos de seis meses y sucesivamente por cada uno de los primeros ministros de los Estados miembros-. Y segunda, que el presidente de la Comisión Europea sea elegido por la Eurocámara. 2 ¿Por qué ha generado tan viva polémica la iniciativa franco-alemana? La reforma que demandan Schröder y Chirac tiene doble fondo, pues desnacionaliza las cúspides legislativa y ejecutiva de la UE, otorga mayor peso político a la Eurocámara y, a medio plazo, acelerará la puesta en marcha de políticas comunes, más allá de las referidas a los mercados y a las finanzas, que hoy por hoy son las únicas que avanzan. 3 ¿Qué socios apuestan por acelerar el paso y cuáles son reacios a ello? Schröder, hábil, antes de consensuar posiciones con Chirac pidió opinión y se ganó el respaldo de Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca y Austria. Mientras que Chirac, por razones partidarias, contaría con el silencio cómplice de los jefes de gobierno italiano e irlandés. El único socio frontalmente contrario a desnacionalizar, aunque sea lentamente, los procesos de decisión de la UE es Gran Bretaña. En las demás capitales de los Quince -incluida Madrid- las opiniones son equívocas. José María Aznar, que aspiraría a ser el primer presidente del Consejo -según fuentes bruselenses-, ha elogiado las aportaciones de Chirac y Schröder; pero el Gobierno español y sus representantes en la Convención Europea no han realizado ninguna gestión encaminada a respaldar al eje París-Berlín. 4 ¿Qué opinan los dirigentes comunitarios? Bruselas considera que la reforma franco-alemana crearía disfunciones institucionales porque, por ejemplo, otorga rango de jefe del ejecutivo al presidente del Consejo de la UE, lo que solaparía funciones de su homólogo de la Comisión; amén de otros problemas similares de orden operativo. Sin embargo, en la Comisión Europea subyace el temor a que un presidente del Consejo elegido por los Estados miembros o por la Eurocámara lamine las competencias de los comisarios o, alternativamente, los someta a un mayor control por parte de los países socios y de los partidos políticos con representación en el hemiciclo de Estrasburgo. 5 ¿Qué posibilidades de éxito tiene la propuesta? Ninguna. Chirac y Schröder no aspiran a imponer sus criterios, ni siquiera pretenden abrir una negociación intergubernamental al respecto. El objetivo de alemanes y franceses es más modesto, pues se contentarían con tirar abajo las prevenciones partidistas y de corte nacionalista que en el seno de la Convención impiden debatir sin miedo el ordenamiento institucional y legal del futuro Estado plurinacional europeo que, más tarde o más temprano, será la UE. 6 ¿Qué efectos inmediatos ha tenido la iniciativa franco-alemana? Ha obligado a los Quince a prestar atención a la urgente reforma que necesita la UE. El conflicto iraquí, la agresividad económica de EE UU, la actitud de Corea del Sur y mil y un problemas de orden nacional habían relegado a segundo plano -e incluso ocultado- que la Unión, que por ende está a las puertas de una histórica ampliación, es poco operativa y amenaza ser ingobernable.