Lucio Gutiérrez, de 46 años, dejó la milicia tras participar en un golpe de Estado en el 2000, que derrocó a Jamil Mahuad. No ha logrado despojarse del fantasma de «golpista». Él justifica ese apelativo asegurando que dio «un golpe a la corrupción», pero reniega cuando le insisten en que participó en una asonada militar. Aunque dejó su brilante carrera militar para pasar a la arena política, no se desvincula del ejército y así lo demuestra intercalando el uniforme verde oliva con el traje. Su estilo populista y su pasado militar hace que sea comparado a menudo con Hugo Chávez, a quien admira, pero ha pedido que no se le estigmatice porque las dos naciones viven realidades diferentes. Álvaro Noboa, de 52 años, que heredó una gran fortuna (valorada en 1.200 millones de dólares) y lidera más de cien empresas, desea dirigir Ecuador, un país rico en recursos, pero con un 70% de su población en la pobreza. Confiesa que sueña desde niño con ser presidente para devolver de alguna manera a través de la ayuda a los pobres, todo lo que «Dios me ha dado». Es su segundo intento de llegar al poder, tras perder en las presidenciales de 1998 frente a Jamil Mahuad, en medio de denuncias de fraude. Es hijo del que fue uno de los hombres más ricos del país, por cuya herencia mantiene con sus hermanos disputas en tribunales de Ecuador, EE.?UU. y el Reino Unido.