El 11-A, la fecha que marcó a Venezuela

Violeta Villar Liste

INTERNACIONAL

JUAN BARRETO

Lo que empezó siendo una protesta pacífica popular con cacerolas contra el presidente Hugo Chávez terminó en un baño de sangre en Caracas

10 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

11 de abril de 2002. Venezuela. La consigna fue unánime en el sentimiento de quienes decidieron atender la convocatoria de la Confederación de Trabajadores de Venezuela y de Fedecámaras (patronal) de marchar de manera pacífica y exigir la salida del presidente Hugo Chávez del poder: «Ni un paso atrás». Caracas concentró el entusiasmo al que se sumaron las ciudades del interior del país. Desde primeras horas de la mañana, hombres, mujeres y niños salieron de sus hogares ondeando la bandera nacional y con una olla bajo el brazo, listos para un cacelorazo si al presidente Chávez se le ocurría hablar. Curiosamente, esta forma de protesta comenzó en el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, a quien Chávez intentó derrocar. La manifestación del 11 de abril no terminó bien. La decisión de los ciudadanos de llegar hasta Miraflores (sede del Ejecutivo) llevó a funcionarios del oficialismo a convocar la presencia de los Círculos Bolivarianos (grupos de orientación social, según el Gobierno; de represión y protección del régimen, según la oposición). Los muertos del 11-A precipitaron la salida temporal de Chávez de la presidencia y la sustitución, por unas horas, de Pedro Carmona, máximo líder de Fedecámaras. Los errores del gobierno interino, la represión y la todavía confusa actuación militar permitieron el retorno de Chávez. Sin embargo, tras el 11-A, Venezuela ya no es igual. Desde entonces, el 11 de cada mes, los venezolanos suman a la consigna «Ni un paso atrás», la de "Prohibido olvidar". El 11-A tambaleó al Gobierno y debilitó la figura de Chávez. Una parte del país culpa al presidente de haber ordenado el Plan Àvila, que permite el uso de la fuerza contra los manifestantes. De hecho, el general Rosendo, quien hasta ese día fue su aliado incondicional, se opuso a su aplicación para evitar «un baño de sangre». La gran lección en toda esta historia la ha dado la sociedad civil: el ama de casa, el obrero, el profesional, el empresario, el estudiante..., que han decidido asumir la defensa del sistema democrático y no delegar la lucha por sus derechos. En Venezuela, al contrario de lo que ocurre en Argentina o Uruguay, no es el tema económico el que condiciona el día a día de la nación. Sí el de la libertad. Hay un país en pie de guerra, dispuesto a no callar. A no olvidar.