«Esta guerra ridícula no conduce a nada sino a más dolor y dolor. Es hora de parar esa guerra inútil porque al final del camino no llevará a nada y será necesario sentarse a negociar». Así se expresaba el embajador de Colombia en Israel, David de la Rosa, tras asistir al entierro de Gal, una judía colombiana de 5 años que murió en el atentado del miércoles Este sentir de muchos parece no llegar a los principales mediadores de Oriente Medio. Bush, vacilante y prestó a apoyar la política israelí sea cual sea, ha aplazado su plan de paz: una luz en medio de la enorme penumbra del conteo de muertos diario, tanto palestinos como israelíes. Si cada vez que hay un atentado se paralizan las negociaciones, es mejor lo que dice el dicho de «apaga y vámonos». Tras más de cincuenta años de conflicto, es necesario coger al toro por los cuernos si no se quiere que el conflicto prosiga en su espiral de violencia hacia el caos total. Por eso, Estados Unidos, como principal actor en la región junto a la voz sin voto de árabes y europeos, debe buscar desesperadamente una paz que quite a los integristas la única justificación que tienen para dejar correr la sangre de inocentes y a los tanques israelíes la única justificación que tienen para aniquilar al pueblo palestino. Pero ésto sólo son palabras. Mientras, la lista de muertos crece. Ayer la engrosó una parte de la que sería la nueva generación de la Palestina judía y árabe del siglo XXI.