La mafia de EE UU, huérfana

J.M. DEL RÍO REDACCIÓN

INTERNACIONAL

Con la muerte de Gotti, que fue comparado con Al Capone por su habilidad para escurrirse del FBI Para los que han hecho ciencia de estudiar las andanzas de los mafiosos de EE UU, hay dos nombres que destacan en el capítulo del desafío abierto a las autoridades. Uno es el de Al Capone, sólo oscurecido por la tenacidad de Elliot Ness . El otro, John Gotti, falleció el lunes en una prisión de Springfield (Misuri).

11 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los sabuesos federales del tío Sam necesitaron de los Intocables y toda la legislación fiscal disponible para poder colocarle los grilletes al capo más legendario de Chicago. Para Gotti fueron necesarios tres juicios y un beso de Judas. El padrino de la familia Gambino, la principal de las cinco que llegaron a dominar los bajos fondos neoyorquinos, se había ganado el sobrenombre de Don Teflón cuando el FBI logró finalmente engancharle, en 1992. Para coseguirlo, tuvieron que recurrir a la traición de Salvatore Gravano, más conocido como Sammy el Toro , la mano derecha del mafioso nacido en el Bronx el 27 de octubre de 1940. El Toro , en lugar de por 30 monedas, vendió su testimonio contra Gotti por un trato benigno de los fiscales. Mientras su padrino se ganaba la cadena perpetua por cinco asesinatos, juego ilegal, extorsión y fraude fiscal, entre otros delitos, él recibía una condena de sólo cinco años de prisión. Posiblemente, Gotti nunca llegó a imaginar nada semejante del hombre que, en 1985, le ayudó a pasar de ser un matón de poca monta a convertirse en el gran capo de los Gambino. El ascenso se lo ganó ordenando coser a balazos al entonces jefe de la familia, Paul Castellano, a la salida de un restaurante de la calle 46. Gotti siempre aseguró basar sus maniobras en la lectura de «El Príncipe», de Maquiavelo. Obviamente, no resultó un alumno aventajado. De hecho, más aún que por su carácter escurridizo era conocido por alardear en público de sus matanzas y negocios clandestinos. Siempre con un peinado impecable y trajes italianos de más de 2.000 euros. Lo suyo no era la discreción. Aseguran que cuando localizaba a policías que lo vigilaban, se dirigía personalmente a ellos, y les decía con sarcasmo: «Traviesos, traviesos». Gotti, conocido por su brutalidad, acabó sus días en una celda, con sólo 61 años, víctima de un cáncer de garganta. Su sucesor, su hijo John, está en prisión.