La propuesta de Aznar y Blair para reformar las estructuras de la OTAN, a fin de que pueda hacer frente a la amenaza terrorista, quiere decir que esta organización no está preparada para ese tipo de operaciones y que el terrorismo es la máxima preocupación de la seguridad colectiva occidental. La Alianza Atlántica, cuyo tratado data de 1949, tuvo una misión concreta mientras duró la guerra fría y el Pacto de Varsovia constituía una amenaza para los países occidentales. La caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS dieron fin a la división de Europa y la amenaza del Este se esfumó. La OTAN subsistió con nuevas misiones y estructuras que hicieron de ella un instrumento de paz, cooperación y diálogo. La nueva estrategia iba dirigida a facilitar la integración en la democracia de los antiguos adversarios, el último ha sido la propia Rusia. Ya en el siglo XXI, después del 11-S, ha aparecido una amenaza seria que puede romper la paz que se necesita para extender el desarrollo económico que facilite la vida en democracia a todos los países. Resulta paradógico que se hagan grandes esfuerzos para la defensa colectiva de la Alianza Atlántica, cuando la verdadera amenaza de hoy es el terrorismo organizado que puede actuar con armas de destrucción masiva. Está demostrado que esta es la verdadera preocupación de los países occidentales que se sienten inseguros ante posibles ataques capaces de destruir la convivencia en paz. Defensa colectiva La OTAN puede aportar tres elementos fundamentales para la defensa colectiva contra el terrorismo internacional: La cohesión de los países miembros que cada vez son mas; la posibilidad de coordinar los servicios de inteligencia e información para detectar acciones agresoras antes de que se produzcan y la capacidad de combatir al terrorismo allá donde esté refugiado. Es una tarea compleja que requiere organización y medios como los que dispone la OTAN, por eso necesita adaptarse a la nueva situación.