RUSIA Y OCCIDENTE

La Voz

INTERNACIONAL

01 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Se acaban de firmar esta semana dos pactos que cambian definitivamente el panorama estratégico mundial, al ganar para Occidente a esa gran potencia del siglo XXI que es Rusia. Por un lado, Rusia con la OTAN, en Roma y, por otro, Rusia con la Unión Europea, en Moscú. Con todos sus problemas y carencias, incorporada al grupo de naciones democráticas, Rusia aporta un potencial de recursos culturales, tecnológicos y estratégicos de indudable valor, sobre todo para el escenario euroasiático, con los conflictos caucásicos, de Oriente Medio, y los que están por venir en el Pacífico asiático. La incorporación de los rusos a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene un valor estratégico indudable, tanto por su capacidad en el campo espacial, como por la profesionalidad de sus ejércitos, así como por su geografía, pero sobre todo por sus fuerzas nucleares. Seguridad Estratégicamente, la seguridad de Europa es dependiente de la seguridad de Rusia. El acuerdo firmado con la Alianza Atlántica el pasado martes, en la capital italiana, supondrá la modernización del Ejército ruso que ya está colaborando en los Balcanes y en Afganistán, a la vez que combate en la república caucásica de Chechenia. Asimismo, la asociación de la OTAN con Rusia da el espaldarazo definitivo a la incorporación de los países de Europa oriental a Occidente, sin que ello signifique inseguridad para los rusos, porque ellos también lo están. Gran potencial De todos es sabido que Rusia tiene graves dificultades económicas, pero son de carácter estructural. Su desarrollo cultural, tecnológico y de recursos es muy elevado ( Rusia produce más barriles de petróleo al día que Arabia Saudí ), y si se le ayuda a transformar su base social, en unos años podría ser una gran potencia económica. En este sentido es tan importante el pacto que acaba de firmar el presidente ruso, Vladimir Putin, con la Unión Europea (durante la visita del presidente José María Aznar a Moscú), que supondrá el reconocimiento del estatus de libre mercado, que le abrirá las puertas de la Organización Mundial de Comercio, como ha sucedido recientemente con la República Popular de China.