«Estados Unidos no permitirá que los regímenes más peligrosos del planeta nos amenacen con las armas más destructivas», advirtió El mundo según George Bush es muy simple. Hay buenos y hay malos. Aquéllos son los que se alinean con Estados Unidos. Los bellacos se identifican con quienes eligen otro camino. Y la vara de medir es la lucha contra lo que el inquilino de la Casa Blanca califica de terrorismo.
30 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.
El martes, en su primer discurso sobre el estado de la Unión, Bush se decidió a ampliar su propia interpretación del maniqueísmo. Los buenos son los de siempre. Pero la lista de indeseables ha aumentado. Incluye a los que se cobijan bajo el paraguas de Al Qaida. Y ahora también a lo que bautizó como «el eje del mal»: Irak, Irán y Corea del Norte.
La expresión acuñada por el republicano no podía haber sido más reveladora. De «eje» se habló durante la Segunda Guerra Mundial para describir la alianza de la Alemania nazi, Italia y Japón. El enemigo con tres cabezas al que Estados Unidos combatió en nombre de la libertad.
De «eje» ha vuelto a hablar Bush ahora al referirse expresamente a las tres potencias que, en su visión de las cosas, suponen una amenaza para el «mundo civilizado». «Estados Unidos no permitirá que los regímenes más peligrosos del planeta nos amenacen con las armas más destructivas del mundo», advirtió.
Su aviso fue acompañado con referencias de inmediatez: «No esperaré por los acontecimientos mientras se acumulan los peligros. No me quedaré de brazos cruzados mientras el peligro se acerca más y más (...) Seremos reflexivos, pero no tenemos demasiado tiempo».
Los asesores presidenciales se las vieron y se las desearon para explicar qué quiso decir exactamente su gran jefe. Si realmente proyecta extender su ira bélica a los tres países en cuestión o si simplemente buscará apretarles las tuercas mediante métodos diplomáticos.
Durante la pasada década las alocuciones anuales sobre el estado de la Unión apenas incluyeron breves referencias al mundo más allá de las fronteras americanas. Bush, inspirado por el 11 de septiembre, ha roto la tradición. La existencia, sostiene, ha pasado a estar marcada por el terrorismo. Y la batalla «sólo ha comenzado».
«Prevaleceremos en esta guerra», prometió, al precio que sea. Bush no tuvo reparo en reconocer que hasta el momento se han gastado mil millones de dólares (1.150 millones de euros) mensuales en el conflicto, o que quiere el mayor incremento del presupuesto de Defensa en dos décadas. Como explicó, él está dispuesto «a pagar lo que sea para defender nuestro país».