El gallego que vivió la caída del imperio

La Voz

INTERNACIONAL

FRANCISCO DOMÉNECH TESTIMONIO David González, ex-trabajador de Enron Europa

29 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

IVIÓ el hundimiento del Titanic económico. Y recuerda con amargura las horas previas a la mayor bancarrota de la historia, que va camino de convertirse en un Gescartera a la americana. Es decir, a lo grande. Tanto como para que las implicaciones políticas del escándalo se le atraganten al propio Bush. Superado el trago de ver caer la multinacional para la que trabajaba, David González resume en tres palabras el estupor que causó el desplome a los empleados de la filial europea de Enron: «Nos han engañado», afirma este abogado coruñés de 27 años que recuerda que hace meses «todo el mundo quería trabajar con o para Enron». Él consiguió lo segundo en julio del 2000 gracias a su especialización en la rama energética del Derecho Comunitario. Entró en el departamento de Asuntos Regulatorios y Gubernamentales «para preparar el ambicioso desembarco en España, con la liberalización del sector eléctrico. Era una empresa muy agresiva e innovadora». Durante la mayor parte de sus 16 meses en la sede de Enron en Londres, disfrutó la cara amable de la empresa, dentro de un edificio equipado con la última tecnología y con toda clase de servicios para los empleados, como gimnasio gratuito. «Cada puesto de trabajo le costaba, sueldo al margen, cerca de 100.000 euros. En esas condiciones todos quedaban igualados por lo alto: «No había grandes despachos y el estilo de vestir era libre. Durante mucho tiempo -explica- tuve una mesa mejor que el jefe de la empresa para todo el continente». El único gallego de Enron Europa ve ahora las contradicciones dentro de una empresa que «en teoría tenía como máxima el intercambio continuo de información». Mientras los ejecutivos ocultaban la crisis y vendían sus acciones, él miraba con deseo las acciones con las que se premiaba a los empleados permanentes. Ésas que él no llegó a tocar y cuyo desplome ha arruinado a algunos de sus ex-compañeros. Los problemas comenzaron en el segundo trimestre del 2001. Entonces salieron a la luz fracasos en Gran Bretaña, Brasil e India. Las restricciones presupuestarias para el 2002 fueron contrarrestadas con mensajes de optimismo recibidos vía teleconferencia. Continuó la caída tras el verano y en los dos últimos meses el plato fuerte de la jornada laboral llegaba a las dos de la tarde, cuando se abría Wall Street: «cada empleado seguía al instante en su ordenador la cotización de Enron. Pero nadie esperaba ese desenlace, pensábamos que se depurarían los problemas». Así hasta que un «¡Se acabó!», exclamado por un compañero finlandés, despertó a David González de su sueño americano. Fue en la tarde del pasado 28 de noviembre, cuando se declaró la quiebra técnica de Enron. Con ella llegó una caótica situación, con los empleados apresurándose a poner a salvo sus bienes, que sólo duró dos días. El abogado gallego estaba entre los 1.100 trabajadores, de un total de 1.300, que fueron invitados a no volver a la oficina el lunes.