El presidente ahonda las diferencias con la Iglesia al acusar a los obispos de ser el «tumor» de la revolución El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció ayer la salida del Gabinete del octogenario ex-líder comunista Luis Miquilena, uno de los políticos de más peso en el Ejecutivo. La remodelación del Gobierno, la tercera en apenas un mes, coincide con un nuevo enfrentamiento con la Iglesia católica. Ambas instituciones ahondaron el pasado jueves en sus diferencias, surgidas hace ya tres años, al afirmar Chávez que uno de los «tumores» de su revolución son los obispos venezolanos.
25 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Cambiando la forma usual de anuncios ejecutivos, regularmente hechos en su programa Aló, presidente, Chávez desveló ayer lo que desde hace semanas eran rumores en la prensa: la separación de su mentor político del Gobierno. El presidente informó de que Miquilena es relevado en el Ministerio de Interior y Justicia por el capitán de navío Ramón Rodríguez Chacín, mientras que la vicepresidente Adina Bastidas pasa al Ministerio de Producción y Comercio. Miquilena, que logró consensuar los cambios políticos del régimen como presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y ocupó la cartera de Interior en el primer gabinete de Chávez, era uno de los políticos claves del Gobierno junto al actual ministro de Defensa, José V. Rangel. La separación entre ambos se debe a diferentes visiones políticas sobre la revolución. Mientras Miquilena busca el diálogo entre los diferentes sectores sociales, Chávez radicaliza su posición contra quienes difieren de su régimen. Cíclicos choques El nuevo capítulo del cíclico enfrentamiento entre la Iglesia y Chávez tuvo lugar el jueves en un acto con el cuerpo diplomático, cuando inesperadamente el mandatario respondió al discurso del nuncio Vaticano, André Dupuy, cuando éste le expuso una «preocupación». Dupuy dijo al presidente que «sería una lástima si una radicalización o una politización excesiva del proceso de cambio pusiera en un segundo plano los objetivos humanitarios de la revolución». Chávez respondió con un discurso en el que advirtió que no tolerará la intromisión en los asuntos internos venezolanos de otras naciones, «así sea el Vaticano». Añadió que uno de los «tumores» de su revolución son los obispos venezolanos, a los que acusó de haber encubierto «inmoralidades» de gobiernos precedentes. El presidente de la Conferencia Episcopal, Baltazar Porras, manifestó que las palabras de Chávez deben tomarse «como un exabrupto» que «daña» la imagen del país.