Chávez desencanta a los gallegos

Pablo González
PABLO GONZÁLEZ A CORUÑA

INTERNACIONAL

El presidente venezolano pierde apoyos entre la comunidad emigrante, que secundó la huelga mayoritariamente En La Candelaria, la «little» Galicia de Caracas, es cada vez más difícil encontrar apoyos al presidente Hugo Chávez entre la comunidad gallega. Hubo quien hace tres años apostó por la labia revolucionaria y militarista del comandante. Hubo quien le apoyó hasta la aprobación de la Carta Magna porque suspiraban por el cambio en Venezuela. Hubo quien albergó esperanzas de que la corrupción y la inseguridad se diluyeran con sus promesas populistas. Pero los líderes de la colectividad gallega aseguran que sus compatriotas se debaten ahora entre el desencanto y el apoyo a las protestas contra las medidas de Chávez.

11 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El restaurante As Burgas es lugar de reunión de los gallegos de La Candelaria. Pero el pasado lunes, los parroquianos se quedaron sin su ración de marisco, la especialidad de Arturo Domínguez y su mujer, Aurora. «Fuimos a la huelga porque pertenecemos a la Cámara de Restaurantes; nos aconsejaron que cerráramos; somos extranjeros y podría verse mal que no lo hiciéramos», comenta. La Hermandad Gallega de Caracas y otros centros emigrantes del país también pararon su actividad. Como Arturo, la inmensa mayoría de los empresarios gallegos cerraron sus negocios secundando el llamamiento de la patronal y las cámaras de comercio. Unos con más convicción que otros. José Manuel López Tréllez, líder del BNG en Venezuela, también puso el candado a su tienda de electrodomésticos, pero, sin definirse chavista, es quizás más comprensivo con las medidas del presidente. «La imagen de este proceso ha sido deformada. Por ejemplo, la Ley de Costas. Se quiere que una franja de 80 metros sea pública. En España son 200 y nadie llama comunista a Aznar por esto», matiza. Defraudados Sin embargo, López Tréllez sí constata que los gallegos que apoyaron al chavismo cuando daba sus primeros pasos han comenzado a dar marcha atrás. «El cambio es un proceso traumático, la economía se ha deteriorado y los negocios están a la baja», argumenta. El escritor gallego José Antonio Iglesias, que acaba de publicar la novela Andariego, es un ejemplo de este rumbo hacia el desencanto. No tiene «ningún empacho» en reconocer que apoyó al comandante «hasta la Constituyente, cuando se quiso relegitimar», pero ahora matiza que quien llegó al poder por los votos «nos amenaza ahora con las armas». «Se ha convertido en un gran demagogo -añade-, ha dividido el país en dos y ahora está perdiendo también el apoyo de los pobres; ojalá reflexione». Iglesias regenta la agencia de publicidad Alba e ironiza con que vive en Altamira, «una urbanización de oligarcas». Ahora se considera «un arrepentido del voto» y cree que no se puede ser ciego o sordo ante la conmoción que supuso el paro. En cambio, Delmiro Pérez, ex-presidente de la Hermandad Gallega de Caracas y vicepresidente del PP en Venezuela, nunca puso demasiadas esperanzas en el chavismo. Y advierte: «Si lleva a cabo lo que dice y se escora a la extrema izquierda, todo el mundo sabe lo que pasó en Cuba». Comunismo «disfrazado» Aunque asegura que nunca estuvo «ni con Chávez ni con nadie», sí cree que la política presidencial es una especie de comunismo «disfrazado» y que la incertidumbre puede provocar que más gallegos hagan el equipaje de vuelta. Y es que Delmiro Pérez lleva a rajatabla la política de no intromisión que de alguna manera comparten todos los emigrantes gallegos de primera generación. «No debemos meternos en la política de aquí; somos extranjeros».